Daniel 4:35

¿Con qué medida evalúas si alguien –o tú mismo– es “grande”??

Al principio, Nabucodonosor medía su grandeza en términos de conquistas, edificios, fama. Al final, hablando de Dios, declara: «Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada» (Daniel 4:35). No es desprecio por el ser humano, es perspectiva: comparados con el Altísimo, ningún currículum vitae impresiona.

La cultura celebra la fama, los números, la visibilidad, la influencia. Pero en el Reino, la grandeza se define de otra manera: carácter probado, humildad, servicio, obediencia silenciosa. Tal vez los nombres más grandes en el cielo no son los que más «seguidores» tuvieron en la tierra, sino los que fueron fieles en lo oculto.

Cuando asimilas esto, te liberas de la obsesión por «ser alguien». Dejas de correr tras una grandeza prestada y empiezas a buscar la que realmente importa: oír un día la voz del Rey diciendo: «Bien, buen siervo y fiel».

En un mundo obsesionado por ser grande, la verdadera grandeza está en reconocer que solo Dios es enorme y elegir ser fiel, aunque nadie aplauda.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.