Daniel 6
¿Ya identificaste a los leones que rondan tu vida en esta temporada?
Puede que no lleves túnica ni vivas en Babilonia, pero también tienes un foso, y no está vacío. Tus leones tienen nombres concretos: se llaman deuda, diagnóstico, conflicto familiar, soledad, incertidumbre laboral, ansiedad que no se va. No rugen en jaulas de circo; rugen en cuentas por pagar, en resultados médicos, en silencios en casa. En las Escrituras, estos leones suelen tener otro nombre: pruebas. Y casi siempre implican alguna combinación de personas que nos fallan y un Dios que quiere hacernos crecer a través de ellas.
Lo primero que hay que hacer con los leones es precisamente esto: nombrarlos. Las fieras anónimas parecen más grandes en la penumbra; identificar cada una delante de Dios es el comienzo de la fe. Ponlas por escrito si hace falta, como quien pasa lista: «Señor, estos son mis leones. Tú los conoces mejor que yo». Cuando un problema deja de ser una sombra difusa y se convierte en algo que presentas por nombre ante Dios, ya dio un paso fuera de la oscuridad.
Lo segundo es recordar de quién es el foso. Daniel 6 lo deja demostrado: ningún león entra sin permiso, ninguno muerde sin límite y ninguno permanece más allá del tiempo señalado. El Dios que envió Su ángel a Babilonia conoce tu dirección exacta. No hay diagnóstico, deuda o traición que lo tome por sorpresa, ni foso tan profundo que escape a Su cuidado soberano.
Y lo tercero es mirar a tus leones desde la perspectiva correcta. No se te pide que finjas que no existen, ni que sonrías como si no dolieran. Se te invita a verlos como escenarios donde Dios se glorifica y donde tu fe madura. Rodeado de leones, sí; abandonado, jamás. Las fauces son reales, pero más real es la mano que las puede cerrar.
Ponles nombre a tus leones y luego recuerda de quién es el foso: ninguna fiera de tu vida actúa fuera del permiso, el propósito y el límite del Dios que te guarda.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

