Daniel 6:23
¿Has experimentado a Dios sosteniéndote en algo que debió haberte aplastado?
«Entonces el rey se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Cuando Daniel fue sacado del foso, no se encontró en él lesión alguna, porque él había confiado en su Dios» (Daniel 6:23, NBLA). Lee con cuidado: «no se encontró en él lesión alguna». Ni un rasguño. Ni una marca. Como los tres jóvenes en el horno, de quienes se dijo: «el fuego no había tenido efecto alguno sobre los cuerpos de estos hombres» (Daniel 3:27, NBLA).
Hay algo asombroso en este detalle. Daniel no salió del foso magullado pero vivo. Salió ileso. Como si nunca hubiera estado allí. La protección de Dios no fue parcial; fue total. La muerte tuvo que devolverlo intacto, porque Dios había dicho «no».
Esto no significa que Dios siempre nos saque ilesos de cada prueba. Algunas pruebas dejan cicatrices. Algunas dejan duelos. Algunas dejan memorias dolorosas. Pero hay un sentido más profundo en el que cada hijo de Dios sale finalmente sin lesión alguna: la lesión espiritual.
Pablo lo dijo así: «Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38-39, NBLA). El foso puede tener garras. Pero no tiene poder para separarte de Dios. Y al final, lo que importa es que llegues a Su presencia con tu alma intacta.
Aunque las pruebas dejen cicatrices físicas, los que confían en Dios salen con el alma íntegra; ningún león toca el espíritu protegido por Él.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

