Daniel 6

¿Crees que Dios sigue siendo bueno aun cuando tu historia no termine como la de Daniel?

Seamos honestos: no todos los fosos terminan como el de Daniel. En la misma galería de Hebreos 11 donde algunos «taparon bocas de leones», otros «fueron apedreados… muertos a espada; anduvieron de aquí para allá… afligidos, maltratados» (Hebreos 11:37, NBLA). Y la Escritura dice de ellos algo asombroso: «el mundo no era digno de ellos» (v. 38). La misma fe, el mismo Dios; desenlaces distintos.

Tú conoces ambas historias. Has visto sanidades… y también has visto creyentes fieles que no sanaron. Has visto matrimonios restaurados… y otros que terminaron a pesar de tanta oración. Si construimos nuestra fe solo sobre los finales felices visibles, ¿qué haremos cuando nos toque enfrentar los otros finales?

Aquí es donde el evangelio dice su palabra más profunda. Dios no nos prometió que toda historia en la tierra terminaría bien; nos prometió que toda historia en Cristo terminaría bien. La muerte misma, el foso del que nadie escapa, fue convertida por la resurrección de Jesús en un pasillo hacia la presencia de Dios. Por eso Pablo podía escribir, encadenado y cerca del martirio: «El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial» (2 Timoteo 4:18, NBLA). Lo escribió sabiendo que lo ejecutarían. Su liberación final no era evitar la espada, sino llegar al Reino.

Los que amamos y partieron en la fe no fueron abandonados por Dios: fueron librados de un modo más completo que Daniel, porque despertaron donde ya no hay leones.

Confía, entonces, sin condiciones. Si Dios te saca del foso, alábalo. Y si el foso se convierte en la puerta a Su presencia, también habrás sido librado.

En Cristo no existen historias que terminen mal: toda liberación, en esta vida o en la otra, llega completa al Reino.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.