Daniel 6:10

¿Tiene tu vida espiritual ritmos predecibles, o solo reacciones de emergencia?

«Continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios, como lo había estado haciendo antes» (Daniel 6:10, NBLA). Tres veces al día. Mañana, mediodía y tarde. Como David antes de él: «Tarde, mañana y al mediodía me lamentaré y gemiré, y Él oirá mi voz» (Salmo 55:17, NBLA).

Hay algo poderoso en los ritmos espirituales fijos. No dependen del ánimo. No esperan a la inspiración. No requieren circunstancias favorables. Simplemente ocurren porque así está construida la vida. Daniel no oraba tres veces al día porque tenía tiempo libre. Lo hacía porque había decidido que su agenda giraría en torno a su Dios, no su Dios en torno a su agenda.

Vivimos en una cultura que despreciaría los ritmos. Nos venden la espontaneidad como autenticidad y los hábitos como rutina muerta. Pero el cristiano sabio entiende que los hábitos espirituales no matan la espiritualidad; la sostienen. La oración del momento de crisis solo es posible cuando la oración diaria ya está formada en el alma.

¿Tienes ritmos espirituales? ¿Hay momentos del día en que tu alma sabe que va a encontrarse con Dios, sin importar las circunstancias? Si no los tienes, hoy es un buen día para empezar. Quizá no tres veces, pero al menos una. Mismo lugar, misma hora, misma actitud. Pequeño al principio, pero predecible. Eso es lo que con el tiempo construye un Daniel.

Los hábitos espirituales fijos no aprisionan al alma; la sostienen cuando todo lo demás se sacude.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.