Daniel 6

¿Quién te está observando sin que lo sepas?

¿Qué usó Dios para conquistar el corazón de Darío? No fue un sermón, ni un libro, ni una visión celestial. Fue, como señala Chuck Swindoll, el ejemplo de un hombre que soportó circunstancias injustas sin quebrarse. El rey vio a Daniel de cerca: lo vio trabajar sin corrupción, orar bajo amenaza, entrar al foso sin maldecir y salir sin amargura. Y ese espectáculo silencioso hizo lo que ningún discurso habría logrado: derritió a un emperador.

Swindoll lo dice de forma inolvidable: tú te conviertes en el mensaje, en la lección, en el catalizador que Dios usa en la vida de algún observador que quizás ni conoces. Pablo escribió lo mismo a los corintios: «Ustedes son nuestra carta… conocida y leída por todos los hombres» (2 Corintios 3:2, NBLA). Hay gente que jamás abrirá una Biblia, pero te lee a ti todos los días.

Y aquí está el detalle solemne: no eliges cuándo te leen. No te observan solo en tus domingos presentables, sino en el tráfico, en la fila del supermercado, cuando el proyecto fracasa, cuando la enfermedad se alarga, cuando te tratan injustamente. Es precisamente en las páginas difíciles donde tu carta se vuelve legible, porque cualquiera sonríe en la abundancia; solo la gracia sostiene una sonrisa en el foso.

Esto no es una carga para volvernos actores tensos y perfectos. Es una invitación a la autenticidad: vive delante de Dios con tanta verdad que no importe quién mire. Daniel no sabía que su noche entre leones sería leída por millones durante milenios. Simplemente fue fiel, y Dios se encargó de la distribución.

Alguien está leyendo tu vida esta semana. Que encuentre en ella buenas noticias.

Puede que nunca prediques un sermón, pero alguien está leyendo tu vida: tú eres el mensaje que Dios reparte.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.