Las últimas palabras importan porque revelan lo que realmente valoramos. Nabucodonosor pudo haber terminado amargado por los siete años que pasó comiendo hierba como animal. En cambio, eligió la gratitud. Reconoció que aquella humillación no fue crueldad divina, sino misericordia transformadora.
Vida Cristiana
EL GOZO: EL SECRETO QUE NO ES SECRETO
Hay algo en una persona gozosa que despierta curiosidad. No es la risa forzada ni el optimismo superficial que brilla cuando todo va bien. Es algo más profundo, más auténtico. Es el tipo de gozo que permanece incluso cuando las circunstancias giran en nuestra contra, el que hace que otros se detengan y pregunten: «¿Cuál … Lea más
Cuando Dios toca lo que creemos seguro
Daniel 4 no es solo la historia de un rey orgulloso; es un espejo. Nos confronta con una verdad incómoda: muchas veces no negamos a Dios con palabras, sino con autosuficiencia. Decimos que Él reina, pero vivimos como si todo dependiera de nosotros. Nabucodonosor no fue corregido de inmediato. Dios le habló, le advirtió y … Lea más
Cerrar el mes recordando quién es el Rey
Quizá hoy sea buen día para una oración sencilla, pero decisiva: «Señor, Tú eres el Rey, yo no. Si hay algo en mi vida que se ha vuelto trono falso, muéstralo y derríbalo. No quiero que tengas que talar el árbol entero; enséñame a arrepentirme antes».
Vivir ligero de gloria
Pídele al Señor que te enseñe a disfrutar los elogios sin idolatrarlos y a soportar el anonimato sin amargarte. Así, poco a poco, vivirás con menos peso sobre los hombros y más libertad en el alma.
Herramientas básicas para el estudio bíblico
El sartén, el cuchillo, los condimentos y la estufa. Estas son los utensilios básicos que un cocinero necesita para crear una comida deliciosa. ¿Qué tienen de especial estos utensilios? En realidad, nada, pero son tan necesarios que hacen que preparar una buena comida sea más fácil y rápido. Del mismo modo, las herramientas para el … Lea más
Cuando el éxito ya no te define
El evangelio te ofrece algo más sólido: ser hijo de Dios en Cristo. Eso no cambia cuando cambian los roles. Puedes llorar pérdidas, por supuesto, pero ya no pierdes el piso por completo, porque tu centro está en un lugar que no se tambalea.
La verdadera grandeza
Cuando asimilas esto, te liberas de la obsesión por «ser alguien». Dejas de correr tras una grandeza prestada y empiezas a buscar la que realmente importa: oír un día la voz del Rey diciendo: «Bien, buen siervo y fiel».
Contar la historia a la siguiente generación
Anímate a decirles: «Yo también fui duro, también me creí mucho, también Dios me tuvo que quebrantar… y aquí estoy, de pie, solo por Su gracia». Esa honestidad puede abrir más puertas que mil sermones teóricos.
Cederle el micrófono a Dios
Eso no significa exhibirte sin sabiduría, pero sí estar dispuesto a decir: «Aquí fallé», «aquí Dios me humilló», «aquí me equivoqué y Su gracia me alcanzó». En una cultura obsesionada con la imagen, contar así la historia es un acto contracultural y profundamente liberador.

