El foso de los leones

El salmista escribió: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento» (Salmo 23:4, NBLA). El valle del salmista y el foso de Daniel son la misma realidad espiritual: lugares donde la muerte parece cierta, pero donde Dios no abandona. La presencia de Dios no te exime del foso; pero te acompaña en él.

La bendición inesperada del rey

Dios puede usar voces inesperadas para pronunciar bendiciones sobre tu vida. A veces los más cercanos a ti dudan de Dios cuando tú lo necesitas más. Y a veces personas que apenas creen en Él pronuncian palabras de fe que te sostienen el alma. No descartes la voz que viene de afuera del círculo conocido. Dios puede hablarte por boca de un Darío.

Cuando los amigos del enemigo se alegran

Hay personas en este mundo que se gozan en la caída de los justos. No te sorprendas. Cristo lo advirtió: «Si el mundo los odia, sepan que Me ha odiado a Mí antes que a ustedes» (Juan 15:18, NBLA). Cuando vives con integridad, tu mera existencia es una crítica silenciosa a quienes no la viven. Y eso despierta hostilidad.

El día más largo de Darío

Tu vida tiene la capacidad de impactar incluso a quienes nunca compartirán tu fe. Tus colegas paganos pueden no orar contigo, pero pueden percibir algo distinto en ti. Tus jefes incrédulos pueden no ir a tu iglesia, pero pueden notar tu honestidad cuando otros mienten. Tus vecinos no creyentes pueden burlarse de tu Biblia, pero pueden recurrir a ti cuando la vida se les rompe.

El rey atrapado en su propia ley

Esto nos recuerda algo importante: el orgullo nubla la mente; las consecuencias la aclaran. Cuando el dolor llega, vemos lo que las palmaditas en la espalda nos impedían ver. Por eso es tan importante consultar a Dios antes de firmar nada en tu vida. Su Espíritu puede mostrarte hoy lo que solo verías mañana, cuando ya es demasiado tarde. La oración previa es protección; el lamento posterior solo es daño asumido.

Acusado por hacer lo correcto

Esta es la fórmula de toda persecución: deshumanizar a la víctima para hacer más fácil su destrucción. Reducirla a una etiqueta —«judío», «cristiano», «conservador», «liberal», «el otro»— para no tener que ver al ser humano detrás. Jesús lo experimentó: «Crucifíquenlo» rugió la multitud sobre el inocente. Y desde entonces, los seguidores de Cristo han enfrentado lo mismo. Pedro nos preparó: «No se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo» (1 Pedro 4:12, NBLA).

La consistencia es escudo

Si estás en una temporada de calma espiritual, no la desperdicies. Es precisamente el momento para profundizar raíces. La constancia que pareciera aburrida hoy se convierte en sostén mañana. Daniel pudo enfrentar a los leones porque, durante décadas, sus rodillas habían tocado el piso de su aposento superior. Lo dramático del momento extremo se construyó en las horas no dramáticas.

Un lugar para encontrarse con Dios

Jesús enseñó esto mismo: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6:6, NBLA). Hay algo poderoso en tener un lugar dedicado al encuentro con Dios. Un rincón. Un sillón. Una mesa. Lo que sea, pero algo definido.

Atrapado en oración

Pregúntate hoy: si tus enemigos irrumpieran en tu vida en cualquier momento, ¿qué encontrarían? ¿Qué pestañas estarían abiertas en tu navegador? ¿Qué mensajes estarían en tu teléfono? ¿Qué pensamientos cruzarían tu mente? Daniel pudo ser «atrapado» en oración porque la oración era lo que hacía cotidianamente. Si esa fuera tu actividad cotidiana, también te atraparían así.

El valor perdurable de un mentor

por Charles R. Swindoll1 de junio, 2026

Allí estábamos, un grupo de seis. Una vela naranja ardía en el centro de nuestra mesa, dibujando sombras parpadeantes en nuestros rostros. Uno habló; cinco escuchamos.  Cada pregunta se respondía con tanta gracia y facilidad; cada respuesta extraída de profundos pozos de sabiduría, moldeada por decisiones difíciles, alimentada por el tiempo. Y el dolor. Y los errores y maltratos. Afinada por pruebas, riesgos, desamores … Lea más