¿Cómo describirías a Dios por Sus acciones en tu vida? Si tuvieras que escribir tu propio decreto a partir de tu experiencia, ¿qué diría? «El Dios que me sacó de la depresión cuando nadie podía», «El Dios que provee cuando las cuentas no cuadran», «El Dios que me sostuvo cuando el diagnóstico llegó». Tu testimonio es tu propio decreto de Darío.
Vida Cristiana
El reino que no será destruido
Vivimos en una era donde los reinos de los hombres parecen estar en estado de cambio constante. Naciones crecen y caen. Sistemas económicos colapsan. Movimientos culturales nacen y mueren. Si pones tus esperanzas en cualquier reino humano, vivirás permanentemente decepcionado, porque ningún reino humano es eterno.
El Dios viviente en boca de un pagano
Hay tres afirmaciones teológicamente sólidas en su decreto. Primero, Dios es viviente: no es una imagen de oro o piedra, sino una persona real y activa. Segundo, Dios permanece: cuando los imperios pasan, Él se queda. Tercero, Su reino no será destruido: ni Babilonia, ni Medo-Persia, ni ningún imperio futuro puede vencerlo.
Jesús y tú debajo de la higuera
Al encuentro con un Salvador en quien puedes confiar «Hasta no ver, no creer». ¿Alguna vez has dicho esas palabras? Alguien intenta convencerte de algo que no suena verdadero, y hasta no verlo con tus propios ojos, no lo crees. Felipe, lleno de entusiasmo, le dijo a su amigo Natanael: «¡Hemos encontrado a aquel de quien … Lea más
El decreto que un imperio no esperaba
Esto demuestra una verdad maravillosa: Dios usa la fidelidad de un creyente para alcanzar a multitudes. Tu testimonio quizá no se sienta importante. Tu vida puede parecerte insignificante en el gran esquema. Pero Dios tiene una habilidad asombrosa para amplificar la voz fiel de uno hasta que llene un imperio.
El precio del pecado sobre los nuestros
Cuando consideras pecar, considera también a los que pagarán el precio contigo. ¿Qué dirá tu hijo cuando descubra tu adulterio? ¿Qué hará tu cónyuge cuando descubra tu fraude? ¿Qué pasará con tu iglesia cuando se conozca tu hipocresía? Tu pecado no te pertenece solo a ti; pertenece a todos los que cargarán sus consecuencias. Esa es razón suficiente para huir de él hoy.
Cuando la trampa devora al cazador
Salomón lo expresó con sabiduría: «El que cava un foso caerá en él, y el que rueda una piedra, sobre él volverá» (Proverbios 26:27, NBLA). No es magia ni superstición. Es justicia divina. Hay un orden moral en el universo creado por Dios, y aunque a veces parece que la maldad triunfa por temporadas, al final el justo es vindicado.
Porque confió en su Dios
En la teología bíblica, la fe nunca es solo creer mentalmente que Dios existe. Es apoyarse en Él con todo el peso de tu vida. Es como cuando te sientas en una silla: no solo crees que la silla puede sostenerte; pones tu peso sobre ella. La fe que salva es la fe que descansa.
Ni un rasguño
Pablo lo dijo así: «Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38-39, NBLA). El foso puede tener garras. Pero no tiene poder para separarte de Dios. Y al final, lo que importa es que llegues a Su presencia con tu alma intacta.
Inocente delante de Dios y los hombres
Hay momentos cuando la fidelidad a Dios requiere desobediencia a las autoridades humanas. No por rebeldía ni por ambición personal, sino porque hay leyes injustas. Daniel no organizó una rebelión contra Darío. Solo siguió orando como había orado siempre. Su «desobediencia civil» fue silenciosa, abierta, no violenta. Y dejó las consecuencias en manos de Dios. Esa es la postura cristiana en medio de demandas injustas: no obedecer, no luchar, y confiar.

