Recupera hoy la mirada de Darío. Haz una pausa deliberada: repasa tu semana buscando huellas de Dios, como quien busca conchas en la arena. Nombra tres. Agradécelas en voz alta. El asombro se rehabilita practicándolo, y el corazón que se asombra es un corazón difícil de amargar.
Vida Cristiana
La generosidad de Jesús: Por amor a ti, lo dio todo
Durante Su vida en la tierra, Jesús fue un refugio para los cansados y un faro de esperanza para los perdidos. Mostró compasión a los que sufrían y acogió a los marginados. Fue bondadoso, paciente, honesto, humilde, puro, recto, justo, veraz, siempre en paz, lleno de gozo y desbordante de amor: todas las cualidades maravillosas … Lea más
Él libra y rescata
Por supuesto, Dios no hace milagros a pedido nuestro ni con la frecuencia que nuestra impaciencia exigiría; Él obra según Su sabiduría. Y muchas veces Sus rescates son silenciosos: una providencia a tiempo, una puerta que se abre, una fuerza inexplicable para resistir un día más. Pero que sean silenciosos no los hace menos Suyos. El Dios que rescata con ángeles espectaculares es el mismo que rescata con llamadas oportunas, con médicos sabios, con hermanos que aparecen justo cuando hacían falta.
Un reino que no se puede sacudir
Esta es la perspectiva que el libro de Daniel quiere dejar grabada en nuestra memoria y que pronto veremos desplegada en la visión del capítulo 7: los reinos humanos son provisionales; el reino de Dios es «un reino inconmovible» (Hebreos 12:28, NBLA). Todo lo demás, por sólido que parezca, tiene fecha de caducidad: las economías, las instituciones, las empresas, los sistemas políticos que hoy nos afanan o nos aterran.
El Dios viviente
El cristianismo afirma algo escandalosamente distinto: Dios vive. Habla y ha hablado. Te escucha esta mañana. Actúa en la historia con nombre propio. Y lo demostró de la manera más contundente posible: entró en la historia en Jesucristo, murió de verdad y, porque es el Dios viviente, la tumba no pudo retenerlo. «Yo soy el que vive; estuve muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 1:18, NBLA).
Que abunde su paz
¿Cómo anda tu provisión de paz? Si escasea, revisa dónde la estás buscando: las circunstancias son proveedores quebradizos. La paz «que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7) custodia los corazones que se entregan a Dios en oración, con acción de gracias, en medio de cualquier foso.
Teman y tiemblen
Y aquí está la paradoja hermosa: el temor de Dios no aleja; ordena los demás temores. El que teme a Dios ya no tiene que temer al qué dirán, ni a los poderosos, ni al futuro. Daniel temía a Dios, y por eso no tembló ante el decreto, ni ante los conspiradores, ni ante los leones. Un solo temor santo lo hizo valiente frente a todo lo demás. Como se ha dicho: teme a Dios y no tendrás nada más que temer.
El Dios de Daniel
Que puedan decir de nosotros lo que el imperio dijo, en la práctica, de aquel exiliado: conocemos a su Dios, porque lo conocemos a él.
Tú eres el mensaje
Swindoll lo dice de forma inolvidable: tú te conviertes en el mensaje, en la lección, en el catalizador que Dios usa en la vida de algún observador que quizás ni conoces. Pablo escribió lo mismo a los corintios: «Ustedes son nuestra carta… conocida y leída por todos los hombres» (2 Corintios 3:2, NBLA). Hay gente que jamás abrirá una Biblia, pero te lee a ti todos los días.
El decreto que nadie esperaba
Y aprende esto también: nadie está fuera del alcance de Dios. Ese familiar endurecido, ese colega burlón, ese amigo que parece de piedra frente al evangelio. Si Dios alcanzó al emperador de Persia por medio de la fidelidad silenciosa de un anciano, puede alcanzar a cualquiera. La conversión de los «imposibles» es Su especialidad. Si no me crees, pregúntale a Saulo de Tarso.

