Esta es la fórmula de toda persecución: deshumanizar a la víctima para hacer más fácil su destrucción. Reducirla a una etiqueta —«judío», «cristiano», «conservador», «liberal», «el otro»— para no tener que ver al ser humano detrás. Jesús lo experimentó: «Crucifíquenlo» rugió la multitud sobre el inocente. Y desde entonces, los seguidores de Cristo han enfrentado lo mismo. Pedro nos preparó: «No se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo» (1 Pedro 4:12, NBLA).
Vida Cristiana
La consistencia es escudo
Si estás en una temporada de calma espiritual, no la desperdicies. Es precisamente el momento para profundizar raíces. La constancia que pareciera aburrida hoy se convierte en sostén mañana. Daniel pudo enfrentar a los leones porque, durante décadas, sus rodillas habían tocado el piso de su aposento superior. Lo dramático del momento extremo se construyó en las horas no dramáticas.
Un lugar para encontrarse con Dios
Jesús enseñó esto mismo: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6:6, NBLA). Hay algo poderoso en tener un lugar dedicado al encuentro con Dios. Un rincón. Un sillón. Una mesa. Lo que sea, pero algo definido.
Atrapado en oración
Pregúntate hoy: si tus enemigos irrumpieran en tu vida en cualquier momento, ¿qué encontrarían? ¿Qué pestañas estarían abiertas en tu navegador? ¿Qué mensajes estarían en tu teléfono? ¿Qué pensamientos cruzarían tu mente? Daniel pudo ser «atrapado» en oración porque la oración era lo que hacía cotidianamente. Si esa fuera tu actividad cotidiana, también te atraparían así.
El valor perdurable de un mentor
Allí estábamos, un grupo de seis. Una vela naranja ardía en el centro de nuestra mesa, dibujando sombras parpadeantes en nuestros rostros. Uno habló; cinco escuchamos. Cada pregunta se respondía con tanta gracia y facilidad; cada respuesta extraída de profundos pozos de sabiduría, moldeada por decisiones difíciles, alimentada por el tiempo. Y el dolor. Y los errores y maltratos. Afinada por pruebas, riesgos, desamores … Lea más
Como había estado haciendo antes
Hay personas que viven dos vidas espirituales: la vida cristiana ordinaria y la vida cristiana de emergencia. Cuando todo va bien, oran poco y casualmente. Cuando llega la crisis, oran intensa y desesperadamente. El problema con esa estrategia es que la oración de emergencia no se construye en la emergencia; se construye antes. Quien no oró el martes en paz, difícilmente sabrá orar el miércoles en pánico.
Dando gracias en la sentencia
¿Qué hace la gratitud en momentos de crisis? Hace una cosa fundamental: nos saca del centro. Cuando solo estamos enfocados en nuestra dificultad, ella crece y crece. Cuando levantamos la mirada para agradecer a Dios, recordamos que Él es más grande que cualquier conspiración. La gratitud no cambia la circunstancia. Cambia al que está dentro de la circunstancia. Y un corazón agradecido dentro de una crisis es un corazón que la crisis no puede destruir.
De rodillas, como siempre
Hoy oramos en automóviles, en filas de supermercado, en oficinas, en momentos sueltos del día. Y eso es bueno. Dios oye en todas partes. Pero quizá te haga falta también un momento donde físicamente te arrodilles. Donde tu cuerpo confiese lo que tu boca ya sabe. Inténtalo esta semana. Encuentra un lugar y un momento. Arrodíllate. Y descubre cómo tu alma comienza a alinearse con la verdad de quién es Él y quién eres tú.
Tres veces al día
Vivimos en una cultura que despreciaría los ritmos. Nos venden la espontaneidad como autenticidad y los hábitos como rutina muerta. Pero el cristiano sabio entiende que los hábitos espirituales no matan la espiritualidad; la sostienen. La oración del momento de crisis solo es posible cuando la oración diaria ya está formada en el alma.
Las ventanas abiertas hacia Jerusalén
Cada uno de nosotros tiene «ventanas» orientadas hacia algo. Nuestras pantallas, nuestras conversaciones, nuestros pasatiempos, nuestras preocupaciones predominantes… todo señala en una dirección. ¿Hacia dónde apuntan las tuyas? Si miraras objetivamente las cosas que más te ocupan, ¿revelarían un corazón orientado hacia el Reino, o hacia Babilonia? Las ventanas no mienten.

