Confiando en el poder de Dios

Dios parece a veces ponernos en un trono, y luego aprieta y aprieta hasta que pensemos, en medio del dolor de su soberana presión: «¿Qué está tratando el Señor de hacer conmigo?» Caminamos, entonces, más y más cerca de Él.

Asociaciones increíbles

Usted no puede hablar de lo que no tiene experiencia. Usted no puede animar a alguien a creer lo improbable si antes no ha creído lo imposible. Usted no puede encender la lámpara de la esperanza de otra persona si su propia antorcha de fe no está ardiendo.

Carrera de obstáculos

El curso de capacitación de Dios se realiza periódicamente a través de toda la vida cristiana. Allí, en el centro mismo en los obstáculos, del dolor y de la soledad, llegamos a darnos cuenta de cuán vivo está Dios en nuestras vidas, de su realidad y su control.

Echar las bases de la valentía

¿Le ha sucedido a usted lo mismo alguna vez? «Señor, hazme un hombre santo. Señor hazme una mujer conforme a tu corazón». Mientras tanto, en su corazón está pensando: pero que no me duela mucho.

Situaciones difíciles

Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, tendemos a sentirnos abandonados, a volvernos resentidos, y a pensar: ¿Cómo pudo Dios abandonarme?

El arroyo se había secado

Hubo un tiempo en que usted conoció la satisfacción de tener una respetable cuenta bancaria, un negocio próspero, una carrera emocionante y en expansión, un emocionando y magnifico ministerio cristiano. Pero el arroyo se ha secado.

Provisión Divina

Aunque realmente no hay nada de malo en ser un líder, o cumplir con el papel de vocero de Dios, es muy fácil volverse un adicto del foro público, sintiendo que somos indispensables para el plan del Señor.

Un paso a la vez

La dirección de Dios incluye también su provisión. Dios dice: «Ve al arroyo, yo te sustentaré».

En las sombras

A veces, la enfermedad obliga a hacer ese cambio. A veces, es cuando llegamos al límite de nuestras energías y comenzamos a agotarnos, o estamos a punto de eso. Algunas veces, Dios, sin darnos explicaciones, sencillamente nos quita de un lugar y nos moldea de nuevo para ponernos en otro.

De los sufrimientos al servicio

«Es dudoso que Dios pueda bendecir grandemente a un hombre, si antes no lo ha herido profundamente». Mi experiencia a lo largo de los años ha sido que, cuanto más profunda es la herida, más grande es el servicio.