Daniel 4

¿Cuántas veces has llamado «coincidencia» a lo que pudo haber sido una advertencia de Dios?

Nabucodonosor no recibió una sola señal. Tuvo sueños, vio milagros (como el horno de fuego), escuchó interpretaciones, presenció la fidelidad de los amigos de Daniel. Cada evento era una flecha luminosa apuntando al Dios verdadero.

Aun así, siguió interpretando la vida desde su propio ego. Lo que para Daniel era una oportunidad de glorificar a Dios, para el rey era una razón más para aumentar su poder. Hasta que un día, las señales se convirtieron en sentencia.

Dios sigue hablándonos de muchas maneras: una prédica que nos confronta, una frase que parece hecha a la medida, un niño que hace una pregunta incómoda, un médico que nos llama la atención, un límite que alcanza nuestro cuerpo físico. No todo es juicio, pero casi nada es mera casualidad; más bien, es una «Diosidencia».

Pídele al Señor sensibilidad para leer las señales: «Espíritu Santo, ¿qué me quieres decir con esto? No quiero explicar todo, quiero escucharte en medio de esto».

La vida está llena de guiños del cielo; ignorar las señales de Dios convierte la misericordia en oportunidad perdida.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.