Daniel 4
¿Cómo puede el fuego espiritual de una generación convertirse en cenizas para la siguiente?
La historia de la familia de Nabucodonosor nos muestra una realidad inquietante: el avivamiento de una generación puede transformarse en la rebelión de las generaciones futuras. Lo que comenzó con un rey postrado ante el Dios Altísimo terminó con un nieto burlándose de las cosas sagradas.
Tras la muerte de Nabucodonosor, no tardó en hacerse evidente la podredumbre seca de la codicia y la ambición, que comenzó a carcomer las ramas del árbol genealógico real. Evil-Merodac, su hijo, reinó solo dos años antes de que su cuñado, el general Neriglisar, lo asesinara movido por la codicia y le arrebatara la corona. La violencia engendró más violencia; la traición, más traición.
¿Qué salió mal? Nabucodonosor experimentó a Dios, pero aparentemente no discipuló a su familia. Tuvo un encuentro, pero no cultivó una cultura de fe. Su testimonio quedó grabado en piedra, pero no en los corazones de sus descendientes.
Esto nos confronta directamente. No basta con tener experiencias espirituales poderosas si no las transmitimos de manera intencional. No es suficiente que Dios haya transformado tu vida si no inviertes en la formación espiritual de quienes vienen detrás de ti.
El avivamiento genuino siempre mira hacia adelante. Se pregunta: «¿Cómo pasaré esta antorcha?». «¿Qué estoy haciendo para que mis hijos, mis discípulos, mi generación no solo conozcan mi historia, sino que tengan la suya propia con Dios?
Un avivamiento que no se transmite es un avivamiento que se extingue. Asegúrate de pasar la antorcha mientras aún arde en tus manos.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

