Daniel 5:
¿Puede la abundancia convertirse en una trampa espiritual?
Cuando Ciro sitió Babilonia, Belsasar se encogió de hombros. La razón era simple: había provisiones para veinte años almacenadas en los enormes graneros de la ciudad. Ciro y sus hombres se quedarían sin alimentos mucho antes que los babilonios. Matemáticamente, Belsasar tenía razón. Espiritualmente, estaba completamente equivocado.
Jesús contó una parábola que podría haberse escrito pensando en Belsasar: «El terreno de cierto hombre rico había producido mucho. Y pensaba dentro de sí, diciendo: “¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?” … Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete» (Lucas 12:16-19, NBLA).
¿Y cuál fue la respuesta de Dios? «¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma» (v. 20).
Belsasar había calculado todo excepto lo único que importaba: que Dios no estaba en sus planes. Las provisiones abundantes le daban seguridad terrenal, pero no podían comprar ni un día más de vida cuando Dios decidió que su tiempo había terminado.
La abundancia puede ser bendición o maldición, dependiendo de lo que hagamos con ella. Si nos acerca a Dios en gratitud, es regalo. Si nos aleja de Él en autosuficiencia, es trampa. Belsasar tenía graneros llenos y un alma vacía.
¿Cuántas provisiones tienes almacenadas? Más importante aún: ¿en qué descansa realmente tu seguridad?
Las provisiones aseguran el mañana terrenal, pero solo Dios garantiza el mañana eterno.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

