Daniel 5
¿Alguna vez el éxito temporal te ha hecho sentir invencible?
Con la cabeza dándole vueltas por el vino, Belsasar siente una eufórica sensación de invencibilidad brotando dentro de él. ¡Él es el rey más grande del mundo! ¡Más grande que Ciro! ¡Más grande que Nabucodonosor! ¡Más grande que Dios mismo!
El alcohol tiene una forma peculiar de distorsionar la realidad. Convierte a los cobardes en valientes, a los débiles en fuertes, a los mortales en dioses. Bajo su influencia, Belsasar se sentía capaz de cualquier cosa, inmune a cualquier consecuencia.
Pero no necesitamos vino para experimentar esta embriaguez. El éxito puede intoxicarnos de la misma manera. Una promoción, un logro, un reconocimiento público, y de pronto nos sentimos invencibles. Olvidamos que todo lo que tenemos es prestado. Olvidamos que cada latido de nuestro corazón depende de la gracia de Dios.
Proverbios advierte: «El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio» (Proverbios 20:1, NBLA). Pero hay embriagueces más sutiles que el alcohol: la embriaguez del poder, del éxito, de la autosuficiencia.
Belsasar se sentía en la cima del mundo. No sabía que estaba a horas de su muerte. Su sensación de invencibilidad era completamente ilusoria, pero él no podía verlo. El vino de su orgullo lo había cegado.
¿Qué te está embriagando hoy? ¿Qué te hace sentir más grande de lo que realmente eres? La sobriedad espiritual comienza cuando reconocemos nuestra verdadera condición ante Dios.
La sensación de invencibilidad es la señal más clara de nuestra vulnerabilidad.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

