Daniel 5
¿Qué sucede cuando lo santo se trata como ordinario?
Nabucodonosor había almacenado los vasos del templo de Israel, mostrando respeto por su valor como tesoros sagrados. Aunque era pagano, entendía que había algo especial en estos objetos. Algo que merecía reverencia, no uso casual.
Belsasar no compartía ese respeto. Para él, los vasos eran simplemente copas elegantes, perfectas para impresionar a sus invitados. Al usarlos para brindar a sus propios dioses, mostraba su desprecio tanto por su abuelo como por el Dios que Nabucodonosor había llegado a adorar.
Este contraste es revelador. Un rey pagano que aprendió a respetar lo sagrado, y un nieto que desaprendió esa lección. Un conquistador que guardó los vasos con reverencia, y un heredero que los profanó con frivolidad.
¿Cómo tratamos nosotros las cosas sagradas? ¿El día del Señor se ha vuelto solo otro día? ¿La Palabra de Dios es solo otro libro? ¿La oración es solo otro ítem en nuestra lista de tareas? ¿La iglesia es solo otro club social?
Cuando lo santo se vuelve ordinario, algo muere en nuestra alma. Perdemos la capacidad de asombrarnos, de reverenciar, de adorar. Todo se aplana. Todo se vuelve igualmente insignificante.
Los vasos del templo fueron diseñados para el servicio de Dios, no para las fiestas de Belsasar. Y nosotros también fuimos diseñados para propósitos santos, no para ser usados en cualquier cosa.
Cuando tratamos lo sagrado como ordinario, revelamos que nuestro corazón se ha vuelto profano.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

