Daniel 6

¿Por qué Dios protege a Sus siervos sin librarlos siempre del peligro?

«Tú eres quien bendice al justo, oh Señor; como con un escudo lo rodeas de Tu favor» (Salmo 5:12, NBLA). Esta promesa parece chocar con la historia de Daniel. ¿Cómo conciliar la promesa de Dios como escudo con la realidad de que Daniel terminó en el foso?

La respuesta está en entender qué hace un escudo. Un escudo no es necesario en tiempos de paz, sino en tiempos de guerra. Un escudo, entonces, no nos exime de la batalla; nos equipa para ella. De este solo hecho podemos entender que estaremos en medio de la pelea, pero Dios peleará justo a nuestro lado.

Daniel no fue protegido del foso; fue protegido en el foso. La diferencia es teológicamente enorme. Si Dios solo nos protegiera de las pruebas, nunca creceríamos en fe, nunca testificaríamos, nunca conoceríamos Su poder en lo profundo. Pero al protegernos en las pruebas, manifiesta Su gloria de maneras que la simple comodidad nunca permitiría.

Pablo describió esta protección: «Estamos atribulados en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos» (2 Corintios 4:8-9, NBLA). El escudo no impide los golpes; impide que los golpes sean fatales. Daniel fue echado al foso. Pero Daniel no fue destruido. Esa es la promesa para todos los siervos fieles de Dios: serán probados, pero nunca abandonados.

El escudo de Dios no te exime del campo de batalla; te equipa para sobrevivir y vencer en él.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.