Daniel 6:16
¿Qué haces cuando hacer lo correcto te cuesta caro?
Hay una idea que circula entre creyentes, aunque pocos la digan en voz alta: si obedezco a Dios, las cosas me irán bien. Y entonces llega un capítulo como este y desarma la fórmula. «Entonces el rey dio órdenes de que trajeran a Daniel y lo echaran en el foso de los leones» (Daniel 6:16, NBLA). Fíjate bien en quién desciende al foso: no un líder corrupto, no una persona negligente, sino el hombre más íntegro del imperio. Daniel no está allí por pecar; está allí por orar a su Dios.
Esa es la escena con la que comienza esta nueva etapa de nuestro recorrido. Durante semanas observamos las marcas de la integridad de Daniel. Ahora veremos lo que esa integridad le costó, y lo que Dios hizo con ese costo. Porque el foso no es el final de la historia; es el escenario donde el Dios viviente está a punto de exhibir Su poder ante todo un imperio.
La Escritura nunca promete que la fidelidad nos evitará el sufrimiento. Pedro escribió: «Si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios» (1 Pedro 2:20, NBLA). Hay pruebas que no son disciplina ni consecuencia. Son, aunque cueste creerlo, parte del plan de Dios.
Quizás tú también obedeciste y saliste lastimado. Dijiste la verdad y perdiste el puesto. Perdonaste y te volvieron a herir. Sirves a Dios con constancia y la enfermedad tocó tu puerta de todos modos. Esta semana quiero que desciendas al foso con Daniel, porque allí abajo, entre las sombras y los rugidos, descubrirás lo que él descubrió: que nunca estuvo solo.
El foso no es señal de que Dios te abandonó; puede ser el lugar donde estás a punto de conocerlo como nunca antes.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

