Daniel 6:19

¿Con qué actitud recibes tus mañanas?

«Entonces el rey se levantó al amanecer, al rayar el alba, y fue a toda prisa al foso de los leones» (Daniel 6:19, NBLA). Qué expresión tan hermosa: al rayar el alba. Darío no esperó al desayuno ni a la reunión de gabinete. Con los primeros destellos de luz ya estaba corriendo. Después de la noche más larga de su vida, el amanecer era su primera oportunidad de saber la verdad, y no la desperdició.

En la Biblia, el amanecer es mucho más que una hora del día: es un lenguaje de esperanza. «El llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría» (Salmos 30:5, NBLA). Las misericordias del Señor «son nuevas cada mañana» (Lamentaciones 3:23). Las mujeres encontraron la tumba vacía «al rayar el alba del primer día de la semana» (Mateo 28:1). Dios parece tener una preferencia por esa hora en que la oscuridad empieza a perder la batalla.

Toda noche de prueba tiene algo en común con la de Darío: parece interminable mientras se atraviesa, pero tiene fecha de vencimiento. La noche no vota; no decide quedarse. El amanecer llega porque Dios lo ha decretado, y ninguna oscuridad ha logrado jamás retrasarlo un solo minuto.

Quizás llevas semanas, o años, en una madrugada del alma: esperando noticias, esperando cambios, esperando que algo ceda. Aprende del rey Darío: cuando aparezca el primer rayo de luz, corre para ver lo que Dios ha hecho. No te quedes instalado en la queja como si la noche fuera tu dirección permanente. Hay personas que siguen viviendo emocionalmente a las tres de la mañana cuando Dios ya hizo salir el sol.

Levántate al amanecer. Ve a toda prisa a ver lo que hizo Dios en medio de tus circunstancias.

Ninguna noche, por larga que parezca, ha podido nunca impedir el amanecer que Dios ya decretó.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.