Daniel 6:20
¿Qué ven los demás cuando observan tu vida espiritual a lo largo del tiempo?
Por segunda vez en el capítulo, Darío repite la misma descripción de Daniel: «tu Dios, a quien sirves con perseverancia» (Daniel 6:20, NBLA). Ya lo había dicho al borde del foso la tarde anterior (v. 16). No es casualidad que el Espíritu la registrara dos veces: cuando un pagano repite algo sobre tu vida espiritual, es porque de verdad lo vio.
Con perseverancia. Otras versiones dicen «continuamente». Esa palabrita es el secreto de toda la historia. Daniel no oraba cuando había crisis; oraba tres veces al día desde su juventud, hubiera crisis o no. No servía a Dios por temporadas, según el rey de turno o el ánimo del momento. Su fe no era un evento; era un estilo de vida sostenido durante más de sesenta años en tierra extranjera.
Vivimos en la cultura de lo intermitente. Empezamos dietas, planes de lectura bíblica, propósitos de oración… y los abandonamos en febrero. La espiritualidad de ráfagas: retiros emocionantes seguidos de meses de sequía, domingos fervientes y semanas ausentes. Pero las ráfagas no forman carácter, y sobre todo, las ráfagas no se ven. Lo que los demás perciben, lo que convence a los Daríos que nos observan, es la línea continua: la fidelidad aburrida, repetida, año tras año.
Eugene Peterson llamó al discipulado «una larga obediencia en la misma dirección». Eso era Daniel. Por eso, cuando llegó al foso, nadie en Babilonia dudaba de qué lado estaba. Su constancia había hecho el trabajo de mil declaraciones.
No busques hoy una experiencia espectacular con Dios. Busca la siguiente oración de siempre, la lectura de siempre, la obediencia de siempre. La perseverancia se construye con lunes comunes.
Una fe de ráfagas impresiona un momento; una fe perseverante convence a los que te han observado por años.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

