Daniel 6:23

¿Puede alguien atravesar el peor lugar y salir ileso?

Cuando sacaron a Daniel del foso, los inspectores del rey deben haberlo revisado con asombro: «no se encontró en él lesión alguna» (Daniel 6:23, NBLA). Ni una mordida, ni un zarpazo, ni un rasguño. Una noche entera en el lugar más letal del imperio, y el anciano salió tan ileso como entró.

La protección de Dios fue completa, no parcial. Y ese detalle nos invita a pensar en cómo salen los hijos de Dios de sus pruebas. Seamos honestos: no siempre salimos sin marcas visibles. Job salió con cicatrices; Jacob salió cojeando; Pablo cargaba en su cuerpo «las marcas de Jesús». Pero hay una integridad más profunda que la piel, y es la que Dios garantiza siempre: nada de lo que entra al foso contigo puede destruir lo que Dios está guardando en ti.

Jesús lo prometió con palabras solemnes: «No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (Mateo 10:28, NBLA). Y de Sus ovejas dijo: «nadie las arrebatará de Mi mano» (Juan 10:28). El fuego de la prueba puede quemar comodidades, planes, incluso salud; no puede tocar tu identidad de hijo o hija de Dios, tu herencia eterna, el amor del que nada «podrá separarnos» (Romanos 8:39).

Los tres amigos de Daniel salieron del horno sin olor a humo. Daniel salió del foso sin marcas. Son anticipos, fotografías proféticas del día en que todos los redimidos saldremos de esta larga noche sin daño definitivo alguno: «Él enjugará toda lágrima de sus ojos» (Apocalipsis 21:4).

Puede que hoy cuentes cicatrices. Cuéntalas sin miedo: ninguna es definitiva. Lo esencial en ti está saliendo ileso, porque lo guarda Aquel que no pierde nada de lo que el Padre le dio.

La prueba podrá dejar marcas en tu cuerpo y en tu historia, pero no puede tocar lo que Dios guarda en ti para siempre.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.