Daniel 6:25

¿Puede Dios alcanzar el corazón de las personas más improbables?

El capítulo podría haber terminado con Daniel a salvo, y ya habría sido una gran historia. Pero Dios estaba tejiendo algo más grande. «Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierra» (Daniel 6:25, NBLA). El monarca pagano toma la pluma y su sello real, y proclama al imperio entero que el Dios de Daniel es el Dios viviente.

Piénsalo: el hombre que semanas atrás aceptaba ser tratado como el único objeto de oración del imperio, ahora usa toda la maquinaria del Estado para exaltar al Dios de un exiliado judío. Aquí está la observación clave: en este capítulo tendemos a mirar a Daniel o a los leones, cuando en realidad Dios estaba trabajando en Darío. La noche del foso fue el aula; el rey persa era el alumno.

Esto ensancha nuestra manera de entender las pruebas. Mientras tú atraviesas tu foso, Dios está obrando también en espectadores que quizá ni imaginas. Tu jefe que observa cómo enfrentas la crisis. El vecino que ve tu duelo. El hijo adolescente que, sin decir palabra, registra cada reacción tuya. La prueba nunca tiene un solo destinatario.

Y aprende esto también: nadie está fuera del alcance de Dios. Ese familiar endurecido, ese colega burlón, ese amigo que parece de piedra frente al evangelio. Si Dios alcanzó al emperador de Persia por medio de la fidelidad silenciosa de un anciano, puede alcanzar a cualquiera. La conversión de los «imposibles» es Su especialidad. Si no me crees, pregúntale a Saulo de Tarso.

Sigue orando por tu Darío. Sigue viviendo con integridad delante de él. La historia aún no ha terminado.

Nadie está tan lejos que Dios no pueda alcanzarlo: tu fidelidad de hoy puede ser el instrumento que Él use para alcanzar a tu Darío de mañana.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.