Daniel 6:28

¿Y si tu fidelidad de hoy estuviera abriendo puertas que otros cruzarán mañana?

El versículo final del capítulo esconde un tesoro histórico: Daniel prosperó «durante el reinado de Ciro el Persa» (Daniel 6:28, NBLA). ¿Por qué importa ese nombre? Porque fue precisamente bajo Ciro cuando se firmó el decreto que permitió a los judíos regresar a Jerusalén y reconstruir el templo (Esdras 1:1-4). No sabemos cuánto influyó Daniel directamente en Ciro, pero es razonable preguntarnos si la fidelidad silenciosa de este anciano confiable en la corte preparó el camino para que miles de judíos volvieran a casa.

Piénsalo: Daniel nunca regresó a Jerusalén. Era demasiado anciano; murió en tierra persa. Pero su fidelidad silenciosa en los pasillos del poder abrió la puerta por la que miles de sus compatriotas volvieron a casa. Otros cruzaron la puerta que él pasó la vida abriendo.

Así trabaja Dios con frecuencia: en cadenas de influencia que solo se ven completas desde arriba. Si pudiéramos ver como Dios ve, aunque fuera por un día, descubriríamos cómo usa a una persona como enlace hacia otra, que a su vez toca a una tercera, y la vida cambia a tres o cuatro eslabones de distancia de la acción original. Desde nuestra perspectiva, casi nunca vemos toda la trama.

Esto dignifica cada acto de fidelidad que parece pequeño o invisible. La clase que enseñas a tres niños distraídos. La integridad que mantienes en una oficina donde nadie aplaude. Las oraciones de años por personas que no cambian a la vista. Nada de eso se pierde; se convierte en puertas para gente que quizás no conocerás hasta la eternidad.

Sé fiel donde estás. Dios se encarga de los eslabones.

Tu obediencia de hoy puede ser la puerta que otros cruzarán mañana, aunque tú nunca llegues a verlos pasar.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.