Daniel 6

¿Qué te gustaría que tu prueba mostrara cuando termine?

Quiero hacerte una pregunta que vale oro, y quiero hacértela hoy sin anestesia. Cuando estás sufriendo, ¿cuál es tu meta, además del alivio? El alivio es un deseo perfectamente normal; Dios mismo promete un día enjugar toda lágrima (Apocalipsis 21:4). Pero si el alivio es nuestra única meta, el sufrimiento se vuelve puro desperdicio: un paréntesis absurdo que solo hay que soportar hasta que pase.

La Escritura propone algo más digno: que la prueba, ya que vino, muestre algo. «Para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro… sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo» (1 Pedro 1:7, NBLA). El fuego, que de todos modos quema, puede al menos refinar.

Piensa en Daniel: su noche en el foso mostró la fidelidad de Dios a todo un imperio. Si le hubieran evitado la prueba, Darío jamás habría escrito su decreto, y millones de lectores a lo largo de los siglos no tendríamos esta historia que nos sostiene. Su sufrimiento tuvo público y tuvo fruto, y el de un creyente siempre los tiene, aunque no los vea.

Entonces, hagamos un ejercicio muy concreto: escribe, literalmente, qué querrías que tu sufrimiento actual muestre. ¿Que Dios es suficiente cuando falta todo lo demás? ¿Que la paz de Cristo es real y no propaganda? ¿Que se puede perdonar de verdad? ¿Que se puede seguir confiando aunque no haya respuestas claras? ¿Quieres que tus hijos recuerden cómo enfrentaste esto? Nombrar la meta no quita el dolor, pero lo convierte en siembra.

Y recuerda: no haces este trabajo solo. «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmos 46:1, NBLA).

No desperdicies tu sufrimiento: si el fuego vino de todos modos, deja que muestre de qué es capaz la gracia de Dios en ti.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.