Daniel 4

¿Qué hay detrás de esa imagen fuerte y exitosa que proyectas?

Vemos a Nabucodonosor como un gigante invencible, pero sus sueños revelan a un hombre profundamente inseguro. Un árbol enorme por fuera, pero con raíces que temen ser arrancadas. Mucha grandeza externa, poca estabilidad interna.

Algo similar sucede hoy. Podemos ver perfiles brillantes, ministerios visibles, carreras sólidas… y, detrás, almas llenas de temor a fracasar, a ser reemplazadas, a ser descubiertas como «insuficientes». Usamos el éxito como anestesia para no enfrentar nuestras heridas.

Dios, en Su misericordia, no se limita a pulir nuestra imagen; va tras el corazón. A veces permite que cierto «éxito» se desmorone para que por fin admitamos lo que nos duele, lo que arrastramos, lo que necesitamos que Él sane. No es crueldad, es amor que se rehúsa a dejarte en la superficie.

Hoy quizá necesitas escuchar que no eres tus logros ni tus fracasos. Eres hijo, hija. Y el Dios que te ama está más interesado en tu corazón que en tu currículum vitae. Deja que toque las raíces, aunque eso signifique reconocer heridas que el éxito ha ocultado.

El éxito puede maquillar heridas, pero solo la gracia de Dios las sana; Él ama tanto tu corazón que está dispuesto a derribar tu fachada si con eso te puede restaurar.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.