Daniel 7
Después de este recorrido, ¿quién dirías que es el verdadero protagonista de tu historia?
Hemos caminado juntos a lo largo de este recorrido. Descendimos con Daniel al foso, velamos con Darío su noche en blanco, corrimos al amanecer, escuchamos la voz serena entre los leones, leímos el decreto de un rey transformado y nos asomamos a la visión más alta: el Anciano de Días en Su trono y el Hijo del Hombre recibiendo un reino eterno.
Visto de cerca, este viaje ha sido del foso al trono. Y esa es exactamente la trayectoria que la Escritura quiere para nuestra mirada. El secreto de Daniel nunca estuvo en el foso, ni en su valentía, ni en su «buena suerte»; estuvo en el trono, en el Dios que gobierna. El anciano pudo dormir entre leones porque llevaba una vida entera mirando hacia arriba tres veces al día. La visión del capítulo 7 solo hizo visible lo que su fe ya sabía: sobre todo mar agitado, sobre toda bestia y sobre todo cuerno, hay un trono ocupado, y quien lo ocupa cuida de los suyos.
Pablo hizo un resumen que Daniel habría firmado: «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!» (Romanos 11:33, NBLA). Insondables: como la noche del foso mientras se atraviesa. Sabios: como empezamos a verlos al amanecer, cuando descubrimos que ningún detalle estuvo fuera de la mano de Dios.
La historia de Dios no se detuvo con Daniel ni se detiene con nosotros. El mismo Dios que sostuvo a un anciano en el foso y mostró a Su profeta el trono eterno sigue gobernando la historia desde arriba, aun cuando desde abajo solo veamos leones, bestias y mares agitados. Cada generación necesita volver a esta certeza: Dios reina, Su Palabra permanece y Su reino no será destruido.
Tus leones seguirán rugiendo de vez en cuando; los imperios seguirán agitándose hasta que el Hijo del Hombre venga en las nubes. Pero tú ya sabes lo que sabía Daniel: el Dios viviente reina, Su reino no será jamás destruido, y ninguna boca se abre sin Su permiso. La historia sigue en progreso, y tú formas parte del pueblo que camina hacia ese desenlace.
Vive, entonces, con la mirada puesta en el trono. No pierdas la esperanza.
Los leones rugen, los imperios pasan, pero el trono del Dios viviente permanece para siempre, y tú le perteneces a Él.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

