Daniel 6:22

¿Crees que Dios está activo aun cuando no ves absolutamente nada?

Entre el sellado de la piedra y el grito del amanecer, el texto guarda silencio sobre lo que pasó dentro del foso. Horas y horas de oscuridad total. Ningún testigo humano. Ninguna cámara. Solo sabemos lo que Daniel contó después: «Mi Dios envió Su ángel» (Daniel 6:22, NBLA). El acto más poderoso de toda la historia ocurrió donde nadie podía verlo.

Así trabaja Dios con frecuencia: en la oscuridad, en el silencio, sin anuncios. La semilla germina bajo tierra antes de asomar el tallo. José fue formado en una cárcel egipcia donde nadie importante lo veía. Y la obra que nos salvó se consumó cuando «hubo oscuridad sobre toda la tierra» (Mateo 27:45).

Nuestro problema es que asociamos el silencio de Dios con la ausencia de Dios. Si no percibimos Su actividad, concluimos que no la hay. Pasamos noches enteras como Darío: dando vueltas, imaginando lo peor, convencidos de que en el foso solo hay muerte. Y mientras tanto, abajo, en la oscuridad que tanto tememos, hay un ángel con las manos sobre las fauces de los leones y un anciano descansando en paz.

Lo que Dios está haciendo en tu etapa oscura probablemente no lo sabrás hasta que amanezca. Así es Su costumbre: «Verdaderamente Tú eres un Dios que se oculta, oh Dios de Israel, Salvador» (Isaías 45:15, NBLA). Se oculta, pero nota cómo termina el versículo: Salvador. Oculto no significa inactivo; significa que está obrando a Su manera, sin rendirte informes.

No midas la actividad de Dios por lo que ves. Mídela por lo que Él es. La noche más silenciosa de tu vida puede ser la más poblada de ángeles.

El silencio de Dios nunca es ausencia de Dios: en tu noche más oscura, Él está obrando donde tus ojos todavía no alcanzan.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.