Daniel 5
¿Qué heredamos de nuestros antepasados que deberíamos haber dejado atrás?
De todos los rasgos que Belsasar podía haber heredado de su abuelo Nabucodonosor, escogió el peor: el orgullo que Nabucodonosor había aprendido a desechar. El nieto recogió precisamente lo que el abuelo había descartado, sin rastro del corazón que finalmente respondió a Dios.
Es una ironía trágica. Nabucodonosor pasó por el fuego de la humillación para aprender humildad. Comió hierba, vivió con animales, perdió su razón, todo para descubrir que «el Altísimo domina sobre el reino de los hombres». Esa lección le costó todo. Y su nieto la ignoró por completo.
Belsasar heredó el orgullo, pero rechazó el arrepentimiento. Tomó la enfermedad, pero rechazó la cura. Es como si alguien te dejara una herencia que incluye tanto veneno como antídoto, y tú solo tomaras el veneno.
Todos heredamos tendencias, tanto buenas como malas. La pregunta es: ¿qué haremos con ellas? El temperamento explosivo de tu padre no tiene que ser tu destino. La ansiedad de tu madre no tiene que definirte. Las adicciones familiares no tienen que controlarte.
Belsasar tuvo el testimonio de transformación más poderoso a su disposición: un abuelo que fue quebrantado por Dios y salió adorando. Pero eligió ignorarlo. Prefirió el orgullo cómodo a la humildad costosa.
¿Qué has heredado que necesitas desechar? ¿Qué lección de tus antepasados estás ignorando? El orgullo es fácil de heredar, pero mortal de conservar.
Hereda la humildad de quienes fueron quebrantados, no el orgullo que los quebrantó.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

