Daniel 4

¿Te has sorprendido alguna vez pensando que la historia de Nabucodonosor «no va contigo» porque tú sí crees en Dios?

Es fácil leer Daniel 4 y pensar: «Ese rey pagano sí que era orgulloso». Lo peligroso es olvidar que el mismo veneno puede estar en nuestro corazón… solo que disfrazado de religiosidad.

El orgullo pagano dice: «Yo no necesito a Dios». El orgullo «piadoso» dice: «Claro que necesito a Dios», pero en la práctica vive como si todo dependiera de sus esfuerzos, su ministerio, su disciplina espiritual. Uno se gloria en sus conquistas, el otro en su «madurez» y sus «logros espirituales». Ambos se ponen en el centro.

La historia de Nabucodonosor es una advertencia para todos, no solo para los no creyentes. Nos recuerda que podemos hablar mucho de Dios y, aun así, robarnos la gloria, controlar a la gente, usar el servicio como plataforma para nuestro ego.

Si Dios no tuvo reparos en derribar el orgullo de un rey pagano, ¿crees que va a tolerar sin más el orgullo de un hijo suyo? Su amor es demasiado grande como para dejar nuestra soberbia intacta.

No te confíes: el orgullo no distingue entre paganos y piadosos; la verdadera humildad es cuando Cristo, y no tu «espiritualidad», ocupa el centro.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.