Daniel 4
¿Puede la comodidad convertirse en tu mayor enemigo?
Mientras Nabonido pasaba su reinado lejos de Babilonia, asegurando las fronteras y fortaleciendo el imperio, nombró a su hijo Belsasar como co-gobernante y lo dejó a cargo de la ciudad. En la pesadamente fortificada Babilonia, Belsasar se recostaba cómodamente en su trono cubierto de terciopelo. Ningún invasor había podido asaltar la ciudad en más de mil años. Babilonia era considerada inexpugnable.
Esa era la trampa: la comodidad había adormecido su vigilancia. Los muros masivos, el foso impasable, los graneros repletos de provisiones para veinte años… todo conspiraba para crear una falsa sensación de seguridad. ¿Para qué preocuparse cuando todo parece estar bajo control?
El trono de terciopelo es peligroso precisamente porque es tan cómodo. Cuando la vida fluye sin obstáculos, cuando las cuentas están pagadas y la salud es buena, cuando el ministerio prospera y la familia está estable, es fácil olvidar nuestra dependencia de Dios.
Jesús advirtió a la iglesia de Laodicea: «Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”» (Apocalipsis 3:17, NBLA). No notaban su verdadera condición porque la prosperidad les había nublado la vista.
Belsasar no veía el peligro que se acercaba porque su comodidad lo había cegado. Mientras él se recostaba en terciopelo, Ciro cabalgaba hacia su puerta.
¿Te ha adormecido tu comodidad? ¿Has confundido la ausencia de crisis con la presencia de Dios? El terciopelo puede sentirse bien, pero a veces las espinas nos mantienen más despiertos.
La comodidad que nos aleja de Dios es más peligrosa que cualquier enemigo visible.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

