Daniel 6:4

¿Trabajas con la misma diligencia cuando nadie te observa?

«No podían encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel» (Daniel 6:4, NBLA). Esa palabrita —«fiel»— es un mundo entero. Daniel era confiable, dependible, consistente. No le hacía falta supervisión externa porque tenía supervisión interna.

El trabajo cristiano se trata fundamentalmente de fidelidad, no de visibilidad. Pablo escribió: «Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven» (Colosenses 3:23-24, NBLA). Esta es la transformación que cambia un trabajador común en un trabajador íntegro.

Cuando trabajas «como para el Señor», ya no importa si tu jefe está mirando. Ya no importa si tus colegas se aprovechan o no. Ya no importa si te promueven o te ignoran. Tu audiencia es Otra. Tu evaluador es Otro. Tu recompensa final viene de Otro.

Esto cambia cómo manejas las pequeñas cosas: la hora a la que llegas, la calidad del informe que entregas, la manera en que tratas al cliente difícil, la honestidad con la que reportas tus gastos. Cada acción se convierte en adoración cuando la ofreces a Dios. Y, paradójicamente, los que trabajan así por Dios terminan siendo los que mejor sirven a sus jefes humanos. La integridad no es ineficiencia; es la forma más sostenible de excelencia.

Trabaja para la audiencia de Uno (Dios), y descubrirás que tu desempeño mejora también ante todos los demás.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.