Daniel 4:5
¿Cuánto de tu cansancio viene de intentar controlar lo que nunca estuvo en tus manos?
El sueño del árbol reveló el temor más profundo de Nabucodonosor: perder el control. Que le quitaran el reino, que su estabilidad se desplomara. Por eso el sueño lo llenó de terror (cf. Daniel 4:5). El hombre que controlaba ejércitos no podía controlar sus miedos nocturnos.
La ansiedad moderna muchas veces nace de lo mismo: queremos controlar resultados, reacciones, futuros, diagnósticos, economías, ministerios. Y cuando la realidad nos demuestra que no podemos, nos angustiamos, nos volvemos irritables, hipervigilantes, incapaces de descansar.
Dios no le ofreció al rey más control, sino una invitación a la rendición: reconocer que «el Altísimo domina» y que él era criatura, no Creador. La medicina no fue más poder, sino más humildad.
Tal vez hoy necesitas confesar: «Señor, estoy agotado de hacer de Dios. Suelto lo que no puedo manejar: esta persona, este resultado, este futuro. Haz Tú lo que solo Tú puedes hacer, y enséñame a vivir fielmente lo que sí me corresponde».
La ansiedad es muchas veces el grito de un corazón que intenta ocupar el lugar de Dios; la paz comienza cuando aceptas que tú no gobiernas… y descansas en quien sí gobierna.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

