Daniel 4:32

¿Puede una generación desperdiciar lo que la anterior ganó con tanto dolor?

Cuando llegamos a Daniel 5, conocemos a un nuevo rey: Belsasar, nieto de Nabucodonosor. Tristemente, Belsasar no recibió ninguno de los beneficios de las verdades espirituales que su abuelo aprendió con tanto sufrimiento. El único rasgo que heredó fue el mismo orgullo que Nabucodonosor tuvo antes de humillarse, sin rastro del corazón quebrantado que finalmente se rindió a Dios.

Piénsalo: Nabucodonosor pasó siete años viviendo como animal para aprender que «el Altísimo domina sobre el reino de los hombres» (Daniel 4:32, NBLA). Esa lección le costó su dignidad, su trono y su cordura. Sin embargo, su nieto actuó como si esa historia nunca hubiera ocurrido.

La fe no se transmite automáticamente por línea sanguínea. Los encuentros transformadores de una generación pueden convertirse en meras anécdotas para la siguiente. El altar donde tu abuelo lloró puede significar para ti tan solo un mobiliario antiguo.

Belsasar tuvo acceso a un testimonio poderoso. Conocía la historia de la estatua de oro, del horno de fuego, de los siete años de locura. Pero conocer la historia no es lo mismo que apropiarse de ella. Saber que Dios humilló a tu abuelo no te hace humilde a ti.

¿Estás viviendo de la fe heredada o de la fe experimentada? ¿Tu relación con Dios es un eco de lo que otros vivieron, o un encuentro personal que te ha transformado? La herencia espiritual es un regalo, pero nunca un sustituto de tu propio caminar con Dios.

La fe de tus padres puede inspirarte, pero solo tu propia fe en Dios puede sostenerte.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.