Daniel 5
¿En qué has puesto tu confianza que podría fallarte?
Babilonia era una fortaleza impresionante. Sus murallas eran tan anchas que dos carruajes podían pasar uno junto al otro sobre ellas. Un foso profundo rodeaba la ciudad. Durante más de mil años, ningún invasor había logrado penetrar sus defensas. Era, por todas las apariencias, inexpugnable.
Esta reputación alimentaba la arrogancia de Belsasar. ¿Qué podía hacerle Ciro? Las piedras eran gruesas, el agua era profunda, las provisiones eran abundantes. Todo estaba calculado, todo estaba seguro. Excepto que no lo estaba.
El profeta Jeremías había advertido décadas antes: «Aunque satisficiera Babilonia su cólera, y aunque ellos la hicieran inexpugnable, vendrán de mi parte destructores» (cf. Jeremías 51:53, NBLA). Las murallas que los hombres construyen no pueden detener los propósitos que Dios ha decretado.
¿Cuáles son tus murallas? ¿Tu cuenta de ahorros? ¿Tu reputación? ¿Tu red de contactos? ¿Tu inteligencia? No hay nada malo con estas cosas, pero se vuelven peligrosas cuando depositamos en ellas una confianza que solo le pertenece a Dios.
El salmista lo expresó claramente: «Algunos confían en carros y otros en caballos; pero nosotros en el nombre del SEÑOR nuestro Dios confiamos» (Salmo 20:7, NBLA). Las murallas de Babilonia cayeron en una sola noche. Las defensas humanas siempre tienen un límite.
Solo hay una fortaleza verdaderamente segura, y no está hecha de piedra. Es el nombre del Señor, torre fuerte donde corre el justo y está a salvo.
Las murallas humanas impresionan, pero solo Dios es refugio verdadero.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

