Daniel 4:37
¿Qué pasaría si este año tu meta principal no fuera «lograr más», sino crecer en humildad?
Después de su humillación, Nabucodonosor declara: «Él puede humillar a los que caminan con soberbia» (Daniel 4:37). Esa frase es la síntesis de su historia. Lo perdió todo para aprender una sola lección: Dios resiste al orgulloso, pero da gracia al humilde.
En enero abundan los propósitos: bajar de peso, ahorrar, estudiar algo nuevo, mejorar hábitos. Muchos son buenos. Pero pocos pensamos en metas como: «Quiero ser menos orgulloso», «quiero escuchar más y defenderme menos», «quiero tratar a la gente con más dignidad y menos prisa».
Sin embargo, a los ojos de Dios, esas metas tienen un peso eterno. El orgullo arruina matrimonios, envenena ministerios, rompe amistades, endurece corazones. La humildad, en cambio, abre puertas a la gracia, desarma conflictos, crea ambientes donde otros pueden respirar.
Quizá este año Dios quiere trabajar menos en tu agenda y más en tu actitud. Menos en tus logros visibles y más en tus motivaciones invisibles. Y eso empieza reconociendo, como el rey restaurado: «Tú eres Dios, yo no. Tú decides, yo obedezco. Tú conoces, yo confío».
El propósito más transformador de año nuevo no es cambiar tu cuerpo ni tu agenda, sino permitir que Dios quebrante tu orgullo y te enseñe a caminar en humildad.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

