Daniel 4:37

¿Cuáles serían tus últimas palabras si supieras que serían recordadas por generaciones?

Las últimas palabras registradas de Nabucodonosor en la Biblia son extraordinarias: «Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del cielo, porque Sus obras son todas verdaderas y Sus caminos justos» (Daniel 4:37a, NBLA). Este hombre, que una vez se jactó de su propio poder, termina su historia bíblica con labios de adoración. Pero no se detiene ahí. Su pensamiento final revela la lección más dolorosa de su vida: «Él puede humillar a los que caminan con soberbia» (v. 37b).

Hay algo profundamente conmovedor en estas palabras. El emperador más poderoso de su época no concluye presumiendo de sus conquistas ni de sus jardines colgantes. Termina confesando que hay un Rey más grande que él, uno cuyos caminos son justos, aunque nos resulten difíciles.

Las últimas palabras importan porque revelan lo que realmente valoramos. Nabucodonosor pudo haber terminado amargado por los siete años que pasó comiendo hierba como animal. En cambio, eligió la gratitud. Reconoció que aquella humillación no fue crueldad divina, sino misericordia transformadora.

¿Qué revelarían tus palabras si fueran las últimas? ¿Hablarían de logros personales o de la grandeza de Dios? ¿De resentimiento por las pruebas o de agradecimiento por la gracia que te formó a través de ellas?

Nabucodonosor nos enseña que las mejores últimas palabras no son las que nos exaltan a nosotros, sino las que glorifican al único digno de alabanza.

Las últimas palabras revelan las primeras prioridades; asegúrate de que las tuyas apunten al cielo.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.