Daniel 4:3

¿Planeas tu año nuevo como si todo dependiera de ti… o a la luz de un Reino que nunca será sacudido?

Nabucodonosor empieza su testimonio diciendo: «Su reino es reino eterno, y su dominio de generación en generación» (cf. Daniel 4:3). El hombre que gobernaba el imperio del momento reconoce que su reino tiene fecha de caducidad, pero el de Dios no.

Cada enero estrenamos agendas, calendarios, propósitos. Hablamos de «nuevo ciclo», «nuevas oportunidades», «nuevas metas». Y está bien. Pero nada de eso tiene sentido si lo vivimos como pequeños reyes construyendo nuestro mini imperio personal.

El mensaje de Daniel 4 al comenzar el año es claro: recuerda quién es el Rey antes de escribir tus planes. No se trata de dejar de soñar o de trabajar, sino de anclar todo en la realidad de que vivimos como súbditos del Reino de Dios, no como dueños de nuestro propio universo.

¿Qué pasaría si el propósito principal de este año fuera conocer mejor al Rey del cielo, confiar más en Su soberanía, obedecer con mayor prontitud, soltar con mayor libertad? Todo lo demás –trabajo, familia, proyectos, ministerio– será vivido de una forma diferente cuando ya no se trata de «mi gloria», sino de la Suya.

El año cambia, las temporadas pasan, pero solo hay un Reino que nunca envejece; el mejor propósito de año nuevo es vivir como súbdito agradecido, no como rey frustrado.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.