Daniel 6:3

¿Qué hace que alguien se distinga sin tratar de hacerlo?

«Entonces este Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas, porque había en él un espíritu extraordinario» (Daniel 6:3a, NBLA). No era la primera vez que se decía esto de Daniel. Nabucodonosor lo había notado. Belsasar lo había notado. Ahora Darío también lo notaba. Cada nuevo gobernante reconocía en él algo que sobresalía.

¿Qué era ese «espíritu extraordinario»? Por supuesto, sus dones provenientes de Dios: la capacidad sobrenatural de entender visiones y sueños (Daniel 1:17; 5:11-12). Pero entre líneas, leyendo todo el libro, descubrimos otra dimensión: una actitud sobresaliente. Daniel sabía cómo abordar a las personas y las situaciones con tacto, respeto y razonabilidad (1:8-13; 2:14-16, 27-28; 4:19, 27).

Aquí encontramos la primera marca de la integridad: una actitud excelente. No se trata de optimismo superficial ni de positivismo forzado. Es algo más profundo: una manera de relacionarse con la vida que refleja la confianza en Dios. Daniel no llegaba a las salas del poder con resentimiento por su exilio. Llegaba con un espíritu sereno, competente y cooperador.

Ese tipo de espíritu se nota. La gente lo percibe sin que digas una palabra. La actitud se transmite antes que las palabras. ¿Qué actitud cargas tú al trabajo, al hogar, a la iglesia? Si tu espíritu es amargo, todos lo sienten. Si es sereno, todos lo notan. La actitud no es un detalle menor; es la primera marca de una vida íntegra.

Tu espíritu habla más fuerte que tus palabras; cuídalo, porque define cómo te ven antes de que abras la boca.

Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.