Daniel 6:10
¿Tienes un sitio donde tu alma sabe que va a encontrarse con Dios?
«Entró en su casa (en su aposento superior tenía ventanas abiertas hacia Jerusalén)» (Daniel 6:10, NBLA). Daniel tenía un lugar específico de oración. Un aposento superior, un cuarto separado, una sala con ventanas hacia Jerusalén. No oraba en cualquier lugar de manera distraída. Tenía un punto físico que se había vuelto sagrado por el uso.
Jesús enseñó esto mismo: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6:6, NBLA). Hay algo poderoso en tener un lugar dedicado al encuentro con Dios. Un rincón. Un sillón. Una mesa. Lo que sea, pero algo definido.
El cerebro humano asocia los lugares con las actividades. Por eso es difícil dormir en un escritorio donde habitualmente trabajamos: nuestro cerebro lo asocia con productividad. Por la misma razón, es más fácil orar en un lugar que regularmente reservamos para la oración. La memoria espacial trabaja a favor de los hábitos espirituales.
Si no tienes un lugar de oración, créalo esta semana. No tiene que ser elaborado. Solo tiene que ser tuyo. Una silla. Una hora del día. Una Biblia abierta. Con el tiempo, ese lugar se llenará de los recuerdos de tus encuentros con Dios. Y un día, cuando atravieses tu propia versión del decreto de Darío, sabrás exactamente adónde ir. Tu alma irá allí casi sola.
Un lugar consagrado al encuentro con Dios se vuelve un refugio físico para tu alma cuando el mundo se sacude.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicado por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

