Daniel 6:18
¿Qué haces cuando alguien que amas atraviesa su noche más oscura?
Aunque Darío no podía rescatar a Daniel, hizo algo que vale la pena observar: no se distrajo. Rechazó el banquete y el entretenimiento (Daniel 6:18). Su corazón pasó la noche junto al foso, aunque su cuerpo estuviera en el palacio. A su manera imperfecta, el rey veló con su amigo.
Hay aquí una lección para todos los que amamos a alguien que sufre. Muchas veces no podemos resolver el problema: no podemos sanar la enfermedad de un hermano, revertir el divorcio de una amiga, devolver al ser querido que partió. Y como no podemos resolver, nos tienta el extremo opuesto: distanciarnos, distraernos, evitar el dolor ajeno porque nos recuerda nuestra impotencia. Enviamos un mensaje rápido y volvemos a nuestro banquete.
Pero el ministerio más antiguo del pueblo de Dios no es resolver: es acompañar. Job tuvo tres amigos que hicieron su mejor trabajo la primera semana, cuando «se sentaron con él en el suelo por siete días y siete noches sin decirle una palabra» (Job 2:13). Se arruinaron cuando abrieron la boca para explicar. Pablo lo resume en cuatro palabras: «Lloren con los que lloran» (Romanos 12:15, NBLA). No dice: expliquen a los que lloran, ni corrijan a los que lloran.
El que sufre rara vez necesita nuestros sermones; necesita nuestra presencia. Una comida llevada a la puerta. Una oración sostenida en la madrugada. Un «no me voy a ninguna parte». Así encarnamos al Dios que se hace presente en el foso, aunque no siempre quite los leones de inmediato.
¿Quién está pasando esta noche junto a un foso? Quizás tu llamado hoy no es tener respuestas, sino perder el sueño con alguien, y orar mientras esperas su amanecer.
No siempre podrás sacar a otros del foso, pero siempre podrás velar con ellos hasta que Dios traiga el amanecer.
Adaptado de la guía de estudio, Daniel: God’s Plan for the Future, publicada por Insight for Living. Copyright © 2002 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

