Propósitos de año nuevo: aprender a ser pequeño

Quizá este año Dios quiere trabajar menos en tu agenda y más en tu actitud. Menos en tus logros visibles y más en tus motivaciones invisibles. Y eso empieza reconociendo, como el rey restaurado: «Tú eres Dios, yo no. Tú decides, yo obedezco. Tú conoces, yo confío».

Un año nuevo bajo un Reino que no envejece

¿Qué pasaría si el propósito principal de este año fuera conocer mejor al Rey del cielo, confiar más en Su soberanía, obedecer con mayor prontitud, soltar con mayor libertad? Todo lo demás –trabajo, familia, proyectos, ministerio– será vivido de una forma diferente cuando ya no se trata de «mi gloria», sino de la Suya.

Antes de que cambie la fecha, detente y lee tu año como Daniel leería la historia de Babilonia: no como una cronología de eventos, sino como el registro de un Dios paciente, soberano y persistente, trabajando en tu carácter.

Éxito que enferma el alma

Tal vez Dios no quiera quitarte lo que tienes, pero sí quiere sanarte del modo en que lo miras. Tu empresa, tu ministerio, tu prestigio profesional, incluso tu buena reputación en la iglesia… todo puede convertirse en Babilonia si se vuelve el centro de tu identidad.

El Dios que decide quién se sienta en el trono

Esta verdad incomoda tanto al orgulloso como al ansioso. Al orgulloso le recuerda que no es dueño del trono. Al ansioso le recuerda que no todo está perdido cuando «pierde su candidato» o cambian las circunstancias. Detrás del tablero político, social y laboral hay un Rey que no entra en campaña, ni se somete a votos de confianza.

Cuando Dios hiere para sanar

Si hoy estás pasando por una etapa donde sientes que Dios te está «cortando» cosas, no lo veas solo como pérdida. Pregunta: «Señor, ¿qué estás sanando en mí a través de esto?».

Restaurado… pero diferente

Tal vez temes que, si Dios te quebranta, te lo quitará todo para siempre. Daniel 4 nos muestra que, muchas veces, la restitución forma parte de Su plan: restaura, pero no para que vuelvas a lo mismo, sino para que vivas todo desde otra postura interior.

Cuando por fin levantas los ojos

No subestimes el poder de una oración sencilla desde el pozo: «Señor, aquí estoy, ya no tengo nada que ofrecerte, pero necesito que Tú gobiernes». No tienes que tenerlo todo claro; solo necesitas dirigir tus ojos al lugar correcto.

La misericordia severa de Dios

Si estás atravesando un tiempo de confusión, ansiedad o fragilidad, esta historia no es para que te culpes más, sino para que levantes los ojos al Dios que sigue cerca, aun cuando tu mundo interior se desmorona. Él sabe usar incluso la locura como camino hacia la cordura espiritual.