Seamos sinceros: la venganza es una de las tentaciones más dulces al paladar. Cuando alguien nos daña, y más si el daño fue injusto, algo dentro de nosotros empieza a redactar el desquite: la respuesta cortante, el comentario que lo exponga, la maniobra silenciosa para que «le llegue su hora». A veces ni actuamos; solo rumiamos, y la rumia envenena.
Romanos
Ni un rasguño
Un día, tu historia también tendrá una explicación final. Cuando se cuente, ¿cuál será el estandarte? Ojalá no sea «se esforzó mucho» ni «le fue bien», sino la misma bandera de Daniel, la única que resiste todos los vientos: confió en su Dios.
El arte de acompañar
El que sufre rara vez necesita nuestros sermones; necesita nuestra presencia. Una comida llevada a la puerta. Una oración sostenida en la madrugada. Un «no me voy a ninguna parte». Así encarnamos al Dios que se hace presente en el foso, aunque no siempre quite los leones de inmediato.
La oración como hábito formativo
La oración no es solo informar a Dios de lo que necesitamos; es ser formados por Él. Cuando oras consistentemente, no solo cambias circunstancias externas; eres tú quien es cambiado en lo interno. Tu carácter se va alineando con Su carácter. Tu mente se va llenando con Su mente. Tu voluntad se va sometiendo a Su voluntad.
Siempre recibimos lo mejor de Dios
Si la primera lección es no esperar lo que merecemos de la gente, la segunda es contraria: siempre recibimos de Dios lo mejor para nosotros. No lo dudes. Lo mejor de Dios puede no parecerse a lo que esperamos ni llegar cuando creemos necesitarlo. Pero no debemos dudar de Su cuidado ni de Su carácter mientras soportamos el dolor de esperar.
Daniel prosperó
Si estás en una temporada de foso, recuerda: el foso no es el final. El propósito del foso es refinarte para lo que viene. Pablo escribió: «Los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Romanos 8:18, NBLA). Lo que estás soportando ahora no es comparable con lo que Dios prepara después. La prosperidad de Daniel después del foso es solo una sombra de la gloria que espera a Sus fieles.
Cuando la trampa devora al cazador
Salomón lo expresó con sabiduría: «El que cava un foso caerá en él, y el que rueda una piedra, sobre él volverá» (Proverbios 26:27, NBLA). No es magia ni superstición. Es justicia divina. Hay un orden moral en el universo creado por Dios, y aunque a veces parece que la maldad triunfa por temporadas, al final el justo es vindicado.
Ni un rasguño
Pablo lo dijo así: «Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38-39, NBLA). El foso puede tener garras. Pero no tiene poder para separarte de Dios. Y al final, lo que importa es que llegues a Su presencia con tu alma intacta.
Lecciones que nos llevamos a casa
Las lecciones que no se aplican son oportunidades desperdiciadas. La verdad que no se obedece es luz que se apaga.
Hallado falto
Pero aquí está la buena noticia: lo que nosotros no podemos aportar, Cristo lo suple. Su justicia perfecta se acredita a nuestra cuenta. Su peso infinito cubre nuestra deficiencia. En Él, pasamos de «hallados faltos» a «hallados en Cristo».

