Hoy quizá necesitas escuchar que no eres tus logros ni tus fracasos. Eres hijo, hija. Y el Dios que te ama está más interesado en tu corazón que en tu currículum vitae. Deja que toque las raíces, aunque eso signifique reconocer heridas que el éxito ha ocultado.
Aliento y Consuelo
Aprender a leer las señales de Dios
Dios sigue hablándonos de muchas maneras: una prédica que nos confronta, una frase que parece hecha a la medida, un niño que hace una pregunta incómoda, un médico que nos llama la atención, un límite que alcanza nuestro cuerpo físico. No todo es juicio, pero casi nada es mera casualidad; más bien, es una «Diosidencia».
Dormir en paz en un mundo inestable
Tal vez hoy tu oración antes de dormir no debería ser: «Señor, quita todos mis problemas», sino: «Señor, recuérdame quién eres Tú en medio de mis problemas». La paz no viene de una vida sin sobresaltos, sino de un corazón apoyado en un Rey que nunca es sorprendido.
La ansiedad de querer controlarlo todo
Tal vez hoy necesitas confesar: «Señor, estoy agotado de hacer de Dios. Suelto lo que no puedo manejar: esta persona, este resultado, este futuro. Haz Tú lo que solo Tú puedes hacer, y enséñame a vivir fielmente lo que sí me corresponde».
Trabajo: de trono personal a mayordomía
Pregúntate: si mañana Dios te pidiera soltar tu proyecto principal, ¿te derrumbarías o podrías decir, con dolor pero con paz: «Señor, es Tuyo, nunca fue mío»? Ahí se revela si estás viviendo tu trabajo como trono o como mayordomía.
La sombra de tu árbol en casa
Pregúntale honestamente al Señor: «¿Qué sienten realmente los que viven bajo mi sombra? ¿Descanso o tensión? ¿Confianza o incertidumbre?». Y permite que Él pode ramas de orgullo, de egoísmo, de dureza.
Escuchar a los «Danieles» que Dios ha puesto cerca
Pregúntate hoy: ¿Quién ha tratado de advertirme y yo lo he ignorado? ¿Quién ha llorado al hablar conmigo, como Daniel turbado ante el sueño del rey? Quizá sea tiempo de volver a esas conversaciones y decir: «Perdóname, no quise oírte; ahora quiero recibir lo que Dios me dijo por medio de ti».
El orgullo pagano… y el orgullo «piadoso»
La historia de Nabucodonosor es una advertencia para todos, no solo para los no creyentes. Nos recuerda que podemos hablar mucho de Dios y, aun así, robarnos la gloria, controlar a la gente, usar el servicio como plataforma para nuestro ego.
Propósitos de año nuevo: aprender a ser pequeño
Quizá este año Dios quiere trabajar menos en tu agenda y más en tu actitud. Menos en tus logros visibles y más en tus motivaciones invisibles. Y eso empieza reconociendo, como el rey restaurado: «Tú eres Dios, yo no. Tú decides, yo obedezco. Tú conoces, yo confío».
Un año nuevo bajo un Reino que no envejece
¿Qué pasaría si el propósito principal de este año fuera conocer mejor al Rey del cielo, confiar más en Su soberanía, obedecer con mayor prontitud, soltar con mayor libertad? Todo lo demás –trabajo, familia, proyectos, ministerio– será vivido de una forma diferente cuando ya no se trata de «mi gloria», sino de la Suya.

