Eso no significa exhibirte sin sabiduría, pero sí estar dispuesto a decir: «Aquí fallé», «aquí Dios me humilló», «aquí me equivoqué y Su gracia me alcanzó». En una cultura obsesionada con la imagen, contar así la historia es un acto contracultural y profundamente liberador.
Aliento y Consuelo
Humildad práctica: justicia y misericordia
Tal vez no eres rey, pero tienes cierto poder: un cargo, un sueldo, una voz, una educación, un pasaporte. ¿Cómo estás usando ese «árbol» a favor de los que viven a la sombra? ¿Tus decisiones facilitan la vida de otros o solo la tuya?
Reaprender el lenguaje de la alabanza
Te hará bien, de vez en cuando, escribir tu propio «Daniel 4»: una página donde narres cómo Dios te humilló, te buscó, te restauró. Y luego, desde ahí, alzar tu voz en alabanza. No por inercia, sino por memoria.
Dios en los márgenes de tu salud emocional
Si hoy te sientes en el borde emocional, no concluyas demasiado rápido que Dios se fue. Clama desde ahí: «Señor, no entiendo lo que pasa en mi mente, pero confío en que sigues siendo el Altísimo incluso sobre esta área de mi vida».
La escuela de la espera
La espera también es parte del trato de Dios contigo. A veces no contesta de inmediato, no interviene como desearías, no cierra ni abre puertas al ritmo que tú quieres. No es que se haya olvidado; está enseñando algo que solo se aprende cuando el reloj parece avanzar más lento.
Fe en el Dios que gobierna a los que gobiernan
Esto no significa ser indiferentes. Al contrario, nos libera para orar con fe, participar responsablemente, pero sin cargar el peso del mundo en nuestros hombros. Nuestra confianza última no está en Babilonia ni en ningún «imperio» moderno, sino en el Rey del cielo.
Cuando tus éxitos esconden tus heridas
Hoy quizá necesitas escuchar que no eres tus logros ni tus fracasos. Eres hijo, hija. Y el Dios que te ama está más interesado en tu corazón que en tu currículum vitae. Deja que toque las raíces, aunque eso signifique reconocer heridas que el éxito ha ocultado.
Aprender a leer las señales de Dios
Dios sigue hablándonos de muchas maneras: una prédica que nos confronta, una frase que parece hecha a la medida, un niño que hace una pregunta incómoda, un médico que nos llama la atención, un límite que alcanza nuestro cuerpo físico. No todo es juicio, pero casi nada es mera casualidad; más bien, es una «Diosidencia».
Dormir en paz en un mundo inestable
Tal vez hoy tu oración antes de dormir no debería ser: «Señor, quita todos mis problemas», sino: «Señor, recuérdame quién eres Tú en medio de mis problemas». La paz no viene de una vida sin sobresaltos, sino de un corazón apoyado en un Rey que nunca es sorprendido.
La ansiedad de querer controlarlo todo
Tal vez hoy necesitas confesar: «Señor, estoy agotado de hacer de Dios. Suelto lo que no puedo manejar: esta persona, este resultado, este futuro. Haz Tú lo que solo Tú puedes hacer, y enséñame a vivir fielmente lo que sí me corresponde».

