Proverbios 24, 25

Sir Francis Bacon estaba en lo correcto cuando escribió: «La venganza es esa clase de justicia donde la naturaleza humana se da rienda suelta y la ley tiene que hacer grandes esfuerzos para erradicarla. . .  Ciertamente, cuando un ser humano se venga, lo está haciendo contra su enemigo. No obstante, cuando ese ser humano no se venga, ese acto lo lleva a un nivel superior, ya que solo un príncipe tiene el derecho de perdonar».1

No sé si le ha tocado estar al lado de alguien que arde de venganza, alguien que mantiene una actitud de resentimiento, pero si lo ha hecho, sabe lo trágico que es. Una persona así es un envase de veneno ambulante. El resentimiento nunca se resuelve solo; el resentimiento corroe todo lo que toca, rompe el envase y después acaba con la persona misma. Y por si esto fuera poco, personas inocentes se convierten en víctimas del daño colateral cuando la presión no se puede controlar y explota súbitamente.

En el siguiente versículo descubrimos cuáles son los orígenes del resentimiento:

No se alegres cuando caiga tu enemigo; y cuando tropiece no se regocije tu corazón (Proverbios 24:17).

El término «enemigo» que se utiliza aquí literalmente significa una persona que odia. Esa persona le ha hecho daño en el pasado y no se ha arrepentido o, peor aún, continúa buscando cualquier oportunidad para hacerle daño. Obviamente, el proverbio nos aconseja no deleitarnos en la caída de esa persona aun cuando sintamos la tentación de disfrutar su caída como un acto de justicia poética. Ese deseo, sin embargo, revela un corazón de amargura y resentimiento que cometería  venganza si tuviera la oportunidad.

El siguiente proverbio explica por qué debemos entregar ese resentimiento y evitar ver sufrir a alguien que nos ha causado daño:

«. . . no sea que lo vea el SEÑOR y le desagrade, y aparte de él su enojo» (24:18).

Cuando mantenemos ese resentimiento estamos usurpando la función de Dios como el Supremo Juez de todo el mundo. Al deleitarnos en la caída de nuestro enemigo, aceptamos esa calamidad como justicia y el enfoque de la ira de Dios ya no está con aquel que pecó contra nosotros sino que más bien se refleja en nuestra propia actitud pecaminosa. En ese momento, perdemos nuestra base moral.

Es posible que la venganza sea su afán diario. Si es así, le aseguro que hay muchos que luchan con ese mismo problema. Es una enfermedad común. No hay una cultura donde la venganza no haya dejado su cicatriz, pero eso no es excusa.

En los próximos devocionales expondremos la venganza y toda su fealdad. De la misma forma que un veneno con el tiempo hace que una persona saludable se convierta en un cadáver caminante si no es tratada a tiempo, esta toxina debe ser neutralizada o desechada. Cuanto más pronto, mejor.

Reflexión: Haga una lista de aquellas personas que le han hecho daño de alguna forma y que en lo profundo su corazón desea que sufran como pago de ese pecado contra usted. Por supuesto, mantenga esta lista en privado pero refiérase a ella durante la semana.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos. 1. Francis Bacon. Of Revenge. The Essays, or Counsels, Civil and Moral of Francis Bacon, (Acerca de la venganza. Los ensayos de Francis Bacon), ed. Samuel Harvey Reynolds (Oxford: Clarendon Press, 1890), 34.