No soy tan iluso como para sugerir que una persona puede ser libre de una adicción o compulsión en menos de una semana.

Aunque pocas personas pueden ser transformaciones de la noche a la mañana, normalmente son la excepción y no la regla. No obstante, quiero asegurarle que en solo una semana puede estar dirigiéndole en una nueva dirección más saludable. No existe ninguna adicción, repito, ningún adicción que sea más fuerte que el Todopoderoso. No olvide que su poder todavía detiene las tormentas, sana las enfermedades y levanta a los muertos.

Esos malos deseos que llegan a su vida no son nada nuevos ni diferentes:

«Estas cosas les acontecieron como ejemplo y están escritas para nuestra instrucción, para nosotros sobre quienes ha llegado el fin de las edades. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, quien no los dejará ser tentados más de lo que ustedes pueden soportar, Sino que juntamente con la tentación dará la salida, para que la puedan resistir» (1 Corintios 10:13).

El afán de la adicción no es algo que se vence fácilmente. Dios puede quitar su adicción, pero también puede ser que desee protegerse en medio de ella. En otras palabras, su restauración puede llevar un largo proceso. Por eso muchas iglesias ofrecen ayuda en la forma de ministerios para adictos y sus familias. Las historias de recuperación que emergen en esas reuniones de personas valientes son muy emocionantes.

Recuerdo una pareja casada que tenía varios hijos. Ambos padres eran adictos a la cocaína. Era común que ellos se drogaran durante los fines semana. Gracias a la determinación compasiva, gentil pero firme, de unos buenos amigos de esos ministerios, esta pareja logró encontrar la forma de escapar del poder de la tentación. Si hay alguna adicción que se ha convertido en su afán diario, mi consejo es que confronte esa situación. Comuníquese con su iglesia o busque en Internet grupos que traten con ese tipo de adicción en particular, en el área donde vive.

Un consejo más, no vaya solo. Si tiene problemas con alguna adicción o compulsión, necesitas el apoyo de una comunidad a la que tenga que dar cuentas y le ayude en el proceso. Quizás necesite una asistencia intensa a través de terapia individual o hasta entrar en un instituto de rehabilitación. Sea cual sea su caso, Dios ha provisto la forma en que escape de este terrible afán. Dé el primer paso hacia la restauración. No espere más.

Reflexión: ¿Provee su iglesia ayuda a personas que están luchando con adicciones? Muchas no lo hacen porque no tienen suficiente personal ni recursos materiales. El pastor y el liderazgo deben saber a dónde pueden dirigirse las personas que están sufriendo de una adicción. Quizá puedas ayudar encontrando programas y estableciendo conexiones con otros ministerios de ayuda.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.