Proverbios 9, 10, 16, 19, 21

El rey Nabucodonosor disfrutaba una clase de poder y privilegio que ningún otro ser humano había experimentado. Edificó un imperio que, con el tiempo, absorbió otras dos grandes civilizaciones: Asiria y Egipto. En su época, no había nadie que pudiera controlar el mundo como él. De acuerdo con su propio testimonio escrito, Nabucodonosor se intoxicó con su propia riqueza y poder. Su posición como el hombre más poderoso de la tierra le dio una perspectiva incorrecta de la vida y del mundo.

Al final de doce meses, mientras se paseaba sobre la terraza del palacio real de Babilonia, dijo el rey: «¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué como residencia real, con la fuerza de mi poder para la gloria de mi majestad?» Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando descendió una voz del cielo. «A ti se te dice, oh rey Nabucodonosor, que el reino ha sido quitado de ti. Te echarán de entre los hombres y junto con los animales del campo será tu morada. Te darán de comer hierba como a los bueyes. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere». En la misma hora se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor. (Daniel 4:29-33).

Por un período amplio de tiempo, el gran rey sufrió una condición mental llamada licantropía, que lo hizo comportarse como un animal salvaje. Ya no caminaba más erguido pensando en sus logros, ahora vivía como una bestia. Al final de su experiencia, el rey escribió:

­«Pero al cabo de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; y me fui devuelta la razón. Entonces bendije al Altísimo; alabé y glorifiqué al que vive para siempre. Porque su señorío es eterno, y su reino de generación en generación. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. Él hace según Su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenta Su mano ni quien le diga: ¿Qué haces?»(Daniel 4:34, 35).

Reflexión: Dios le ha dado autoridad en distintas áreas. Quizá se trate de autoridad en su hogar, sobre sus hijos, en el trabajo o dentro de alguna institución. ¿Cómo ha usado esta autoridad; para su beneficio o para el de los demás? ¿Qué lugar le ha dado a Dios para que Él tome el control de la autoridad que le ha dado? ¿Es para usted un motivo habitual de oración?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.