Salmos 40:1-2

Al Señor esperé pacientemente y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. (Salmos 40:1-2)

SEÑOR, DANOS ALIVIO cuando la marea del desánimo intente ahogarnos. Concédenos la libertad cuando estemos atrapados en el pantano y comencemos a hundirnos en sus aguas fangosas. Anima nuestros corazones al enfrentar esos momentos deprimentes y oscuros que nos dejan sin esperanza y creyendo la mentira de que las cosas no van a cambiar. Padre, danos esperanza más allá de nuestro sufrimiento. Nos aferramos a las palabras inspiradas del apóstol Pedro que dicen, que, si nos humillamos ante la poderosa mano de Dios, Tú nos exaltarás. Y lo harás a su debido tiempo. Reconocemos que el desánimo nos mantiene humildes ya que no se puede estar desanimado y ser arrogante al mismo tiempo.

Padre, anima nuestra alma transformando nuestras mentes. Fortalécenos para que podamos ver la importancia de morar en todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable. Ayúdanos a enfocarnos en las cosas de arriba más que aquellas cosas terrenales que quieren hundirnos.

Gracias por Cristo que nos ama y se mantiene amándonos. Te agradecemos que, aunque seamos pecadores, Cristo murió por nosotros. Te agradecemos porque esa gracia que nos salvó nos mantiene salvos… a pesar de nuestras dudas.

Oramos también por aquellas almas exhaustas que no han conocido a Tu Hijo como Señor y Salvador. Pedimos que su carga de desánimo se deshaga al darse cuenta de que la muerte de Jesús en la cruz pagó el precio completo de sus pecados. Ayúdalos a ver más allá de su dolor y en cambio vean la realidad que no hay nada que necesitan hacer, prometer, cambiar o dar para que sean aceptados por ti. Que tan solo necesitan confiar en Tu Hijo. Que puedan hacerlo hoy mismo. Y es precisamente en Su nombre en quien que oramos. Amén.

Véase también Salmos 69:1-4; Daniel 4:36-37; Hechos 16:31; Romanos 5:8; 12:2; Filipenses 4:8; Colosenses 3:1-4; 1 Pedro 5:6.

LA CURA PARA LAS DECEPCIONES
Hay una mosca en la sopa de la decepción. Nosotros la hemos puesto allí. De modo que no hay nadie más a quien culpar sino a nosotros mismos. Deténgase a pensarlo un momento. ¿Qué es lo que hace que nos decepcionemos? Que nosotros ya lo teníamos figurado en nuestras mentes y habíamos anticipado cierto resultado o una respuesta que nunca se materializó.

Debemos ver con honestidad a aquella cosa que inevitablemente nos llevan a la decepción: Nuestras expectativas. Erigimos imágenes mentales irreales, injustas o parciales. Esas imágenes se convierten en nuestro enfoque interno, rígida y tradicionalmente sostenidas. Sin espacio para la flexibilidad de parte de la otra persona (sin dejar lugar para el cambio circunstancial o las sorpresas), decidimos la forma en que las cosas deben ser. Y cuando no suceden así, nos desalentamos o nos quejamos, o hacemos ambas cosas.

El resultado es trágico. El radio de nuestra tolerancia se reduce inmensamente. Nuestra disposición de aceptar las imperfecciones de los demás o de ver circunstancias diferentes es inaceptable. Y lo peor de todo es que la espontaneidad de una amistad se fractura. Esa cadena de obligaciones, compuesta con los eslabones de las expectativas, nos ata al calabozo de la decepción.

Necesitamos darnos suficiente espacio unos a otros. Espacio para reaccionar de diferentes formas. Esto requerirá que nos despojemos de nuestra lista de expectativas. También significa que debemos dejar de anticipar lo ideal y comenzar a vivir con lo real, lo cual siempre viene empañado de fracasos, imperfecciones y hasta errores. Así que en vez de devorarnos unos a otros, sirvámonos unos a otros (Gálatas 5:13, 15). No conozco una mejor forma de acabar con las moscas que esparcen la enfermedad de la decepción que el servicio.

Adaptado del libro, Responde a Mi Clamor: Aprenda a comunicarse con un Dios que se preocupa por usted (Worthy Latino, 2014). Copyright © 2014 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.