Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos; no ando tras las grandezas, ni en cosas demasiado difíciles para mí. Salmos 131:1

AL ANALIZAR NUESTROS CORAZONES HOY, PADRE CELESTIAL, reconocemos que hay más cosas que no comprendemos que las cosas que si comprendemos. Confesamos que no sabemos las razones por las cuales nos has hecho de la manera que somos. No podemos explicar nuestros cambios de temperamento, gustos, ni nuestras pruebas. No podemos comprender nuestros estados de ánimo ni nuestros tiempos. Nuestro estado de ánimo frecuentemente es tan fuerte que controla nuestras mentes y nuestras acciones. No sabemos lo que lo que traerá el mañana. . . o el siguiente año. . . ni siquiera la siguiente hora. No sabemos cuánto viviremos o cómo moriremos. Al igual que el salmista lo describe, estas cosas son demasiado difíciles para nosotros.

Más preocupante que los hechos desconcertantes y los eventos son las razones por las cuales ocurren. Los porqués de la vida, por lo general se vuelven más importantes de lo que debieran ser. ¿Por qué se murió la persona amada? ¿Por qué nuestras vidas han quedado marcadas por tal situación? ¿Por qué nos has bendecido y favorecido este año? ¿Por qué eres tan bueno con los que no se lo merecen?

Querido Dios, ayúdanos a no involucrarnos en esas cosas que son demasiado difíciles para nosotros. Admitimos que aunque no podemos explicar las razones de la vida, creemos que lo haces todo bien. Confesamos que sólo Tú eres soberano, y dejamos todo esto en Tus manos. Oramos esto en el nombre de Cristo. Amén.

Véase también el Salmo 88:14; 90:12; 131:1; Proverbios 3:5-6; 27:1.

 

DIOS TODAVÍA ES SOBERANO

El rey David estaba preocupado por la cercanía de una insurrección rebelde. En vez de enfrentarse a una guerra civil, David renunció y huyó con sus más leales seguidores. Tan sólo eso pudo haber sido humillante, pero lo que ocurrió después fue peor aún.

Un hombre llamado Simei aprovechó la oportunidad para maldecir al rey. Manteniéndose a una distancia segura, Simei corre en forma paralela al desmoralizado ejército de David, arrojando piedras al igual que insultos (2 Samuel 16:5-8,13). Vaya tipejo, ¿cierto? Podemos contar con esto: siempre habrá un Simei que venga a lanzarnos piedras mientras estamos en el suelo desmoralizados, diciendo lo que piensa de nosotros.

Uno de los soldados de David llamado Abisaí le pidió permiso a David para acabar con Simei: «Le cortaré el cuello tan rápido que no se dará cuenta de lo que le sucedió». El rey lo detuvo con las siguientes palabras sabias: «Déjalo que siga maldiciendo, porque el Señor se lo ha dicho. Quizá el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy» (2 Samuel 16:11-12).

La verdad es que esa fue una respuesta llena de una teología sana. En vez de venganza o auto conmiseración, David recordó que ni siquiera este evento había sido una equivocación. El Señor no estaba ausente. Por el contrario, Dios tenía todo el control. David enfrentó la prueba y rehusó tirar la toalla. ¿Cómo lo hizo? Lo hizo recordando que Dios todavía es soberano.

Pocas doctrinas traen mayor consuelo que la de la soberanía de Dios. Cuando no puedo comprender la razón de algo, Dios es soberano. Cuando los eventos, absolutamente desafían mi propia lógica, Dios es soberano. Y cuando el dolor se intensifica a causa de los Simeis que nos lanzan piedras e insultos, Dios todavía sigue realizando su obra.

Adaptado del libro, Responde a Mi Clamor: Aprenda a comunicarse con un Dios que se preocupa por usted (Worthy Latino, 2014). Copyright © 2014 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.