Colosenses 4:5-6

Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona. Colosenses 4:5-6

 

NUESTRO DESEO, PADRE, es estar presente al cien por ciento dondequiera que estemos.  Queremos vivir al máximo cualquier situación que creamos que sea Tu voluntad. Nos has puesto en el siglo veintiuno, en familias específicas y vecindarios particulares. Que podamos vivir aquí y ahora, de manera completa, total y apasionada. En nuestras ocupaciones, que podamos cumplir completamente nuestro llamado. Nos has dado el gozo de la comunión de los santos en la iglesia local. Que podamos aprovechar al máximo cada oportunidad para hacer que otros se unan a ella.

Señor, libera al cuerpo de Cristo para que no se convierta en un museo de recuerdos empolvados, aburridos, irrelevantes y ajenos a la realidad. Al mismo tiempo, que nos mantengas unidos al pasado de Tu eterna Palabra y de aquella antigua y bella música que te adora y que es por todos los siglos. Y en todo esto, que sigamos conscientes de la realidad del mundo actual. Las necesidades son enormes y numerosas. Ayúdanos a saber cómo edificar puentes para alcanzar al mundo necesitado y que seamos para ellos un lugar de consuelo y autenticidad, un lugar de esperanza, una bahía de descanso y rescate para aquellos que han perdido su camino. Oramos esto en el nombre de Jesús. Amén.

Véase también Salmos 31:23-24; 119:1-2; Proverbios 3:5-6; Mateo 22:36-39.

ES SU ACTITUD LO QUE CUENTA

En tanto que envejecemos, hay cuatro actitudes que le desmoralizarán a usted, así como a los demás que están a su alrededor. La primera actitud es la inutilidad. Esta actitud dice: «Ya pasaron mis años mozos. Ahora solo soy un estorbo». La inutilidad hace que una persona muera antes de morir. El poeta alemán, Johan Goethe, tenía razón cuando escribió: «Una vida inútil es una muerte prematura».

La segunda actitud es la conmiseración. La conmiseración dice: «Nadie se preocupa por mí. ¿Por qué seguir viviendo? Ay de mí». Invariablemente esta actitud genera culpabilidad y amargura la cual hace que la familia se pregunte: «¿Cuánto tiempo se va a quedar la abuela esta vez?» No me malentienda. Su familia le ama, pero detesta su conmiseración.

La tercera actitud es el temor. Esta perspectiva dice: «Necesito ser muy cuidadoso. Necesito evitar todos los peligros y los riesgos».

Es común entre las personas que envejecen, que haya esta actitud temerosa pero el resultado es una actitud sospechosa y paranoica.

El temor es un ladrón que le roba el gozo y la paz. Creo que es una de las emociones más devastadoras que hay. Si usted tiene temor, es probable que usted cierre las persianas y su puerta con candado doble. Pero con ello también se alejará de los momentos más agradables de la vida.

Quizás la actitud más devastadora que hay es la culpabilidad mezclada con el remordimiento. Esta actitud siempre se fija en el pasado con un suspiro diciendo: «Si solo lo hubiera hecho o si tan solo no lo hubiera hecho». La culpabilidad y el resentimiento alimentan la decepción y el desánimo. Por el contrario, la gracia de Dios se deshace de nuestra culpabilidad y nos da una razón para seguir adelante.

Seamos honestos. ¿Nos vemos a nosotros mismos en alguna de estas actitudes? Si es así, es momento de hacer un gran ajuste con respecto a la actitud. Comience hoy.

Adaptado del libro, Responde a Mi Clamor: Aprenda a comunicarse con un Dios que se preocupa por usted (Worthy Latino, 2014). Copyright © 2014 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.