Servir el Banquete, Parte II

EXPOSICIÓN: Compartir el Fruto de Su Estudio
Cualquier vocación que vale la pena exige conocimiento, habilidades y devoción. El talento natural puede ser el punto de partida para un desempeño adecuado, pero no es ni remotamente suficiente para alcanzar la excelencia. Aquellos que corren a usar su talento sin una adecuada preparación, invariablemente cometen errores.

La mayoría de estos errores pudieron haberse evitado fácilmente con el consejo de alguien más experimentado. Además, aprenden de la manera difícil lo que un mentor les hubiera podido enseñar en un breve período de tiempo. Tristemente, muchas veces hemos visto que el talento dado por Dios se ve arruinado por el orgullo.

LA META ES QUE LAS PALABRAS SE TRANSFORMEN EN ACCIÓN
Todo trabajo hecho para Dios merece la inversión del tiempo que la preparación demanda. Así es con la tarea del estudio bíblico que se enfoca en conocer quién es Dios y cómo Él obra en el escenario humano. Ahora, cuando dicha tarea está terminada, ¿qué sigue? Comparta el fruto de su estudio bíblico con otras personas. Invite a los demás a deleitarse con usted. ¡Sirva el banquete!

Esa es la propuesta del Pastor Charles R. Swindoll en su libro Decirlo Bien: Cómo conmover a otros con sus palabras. A partir de su amplia experiencia como comunicador de las grandes verdades de la Biblia, en el capítulo 4, Construir, él ofrece un conjunto de consejos sumamente útiles para cualquiera que quiera decirlo bien.[1] 

Como lo dice en sus propias palabras, son principios de comunicación efectivos para predicadores y no predicadores. Es decir, cualquiera que sea su vocación, si usted tiene la oportunidad de hablar a una audiencia estos consejos le servirán mucho, aunque su mensaje no se refiera a la Biblia.

Si además de ser cristiano usted se desempeña en el ámbito de la comunicación como un consejero(a), un maestro(a) de niños o jóvenes, un discipulador(a), un locutor(a) o un motivador(a) aproveche la sabiduría que estos invaluables consejos del Pastor Swindoll resumen. Sin duda, le serán muy útiles a la hora de comunicar contenidos extraídos de la Palabra de Dios. Verdades pertinentes para la realidad contemporánea.

La estructura básica de una clase magistral, una charla motivacional, una entrevista en medios, un discurso político o un sermón bíblico a una congregación comprende los mismos cinco componentes fundamentales: el título, la introducción, el cuerpo, las acciones a tomar y la conclusión. Desde este enfoque, el Pastor Swindoll declara el resultado supremo de la comunicación efectiva en esta frase: lo que queremos es que las palabras se transformen en acción. Esto es lo que hace que una charla de ventas sea exitosa, una nueva política sea implementada, una tecnología diferente sea adoptada o un sermón sea memorable. Entonces, vayamos a los detalles de estos cinco esenciales en la estructura de una buena presentación.

EL TÍTULO ATRACTIVO
El título es la frase que seduce a la audiencia a querer más. Obliga al oyente a pensar: ¿De qué trata esto?, yo quiero saber más. El título es crucial para su éxito. Atraerá o disgustará a las personas en la audiencia. Aquí hay un par de pautas claves para crear un título efectivo.

La primera, el título debe provocar que la audiencia quiera escuchar sus soluciones. Por esa razón, redacte un título que refleje de algún modo la necesidad de la audiencia o un problema que la gente encuentra difícil de resolver. Sin embargo, no se trata solo de atraer a la audiencia con un buen título; usted debe cumplir con lo que promete en su título. No juegue nunca con su audiencia.

La segunda, un buen título también establece el tono emocional del tema. Esto significa que el título debe preparar al oyente para lo que va a escuchar. ¿Es alegre el tema? ¿Es tremendamente serio? ¿Planea hablar a la conciencia de la gente u ofrecerá instrucción práctica y alentadora? El título debe reflejar el estado de ánimo del asunto y anticipar la respuesta que espera inspirar.

Por ejemplo, cuando el Pastor Swindoll predicó sobre las luchas de Sansón con el autocontrol, quiso transmitir algunas advertencias serias, pero sin dejar que los ánimos se tornaran demasiado pesados. Así que eligió el siguiente título: «Sansón: fuerte como el acero, pero debilitado por una flor». El uso del humor en el título ayudó a que las advertencias se sintieran menos amenazantes.

En otra ocasión, el Pastor Swindoll habló sobre el pecado de David con Betsabé, pero su intención fue ser serio. El humor no habría producido el tono adecuado. El título fue: «Autopsia de una caída moral». Él deseaba ofrecer advertencias y al mismo tiempo esperanza para quienes han cometido una grave falta moral. La gracia de Dios ofrece vida después de haber pecado.

Por ejemplo, cuando el Pastor Swindoll predicó sobre las luchas de Sansón con el autocontrol, quiso transmitir algunas advertencias serias, pero sin dejar que los ánimos se tornaran demasiado pesados. Así que eligió el siguiente título: «Sansón: fuerte como el acero, pero debilitado por una flor». El uso del humor en el título ayudó a que las advertencias se sintieran menos amenazantes.

En otra ocasión, el Pastor Swindoll habló sobre el pecado de David con Betsabé, pero su intención fue ser serio. El humor no habría producido el tono adecuado. El título fue: «Autopsia de una caída moral». Él deseaba ofrecer advertencias y al mismo tiempo esperanza para quienes han cometido una grave falta moral. La gracia de Dios ofrece vida después de haber pecado.

La introducción breve, impactante y memorable
Cuando se dispone a compartir un sermón bíblico o una charla de otra naturaleza hay dos preguntas de exploración que es importante que usted se haga como punto de partida.

  1. ¿Qué información puedo darle a mi audiencia que la mayoría no tenga ya?
  2. ¿Cómo deseo que mi audiencia piense diferente y responda después de terminar mi presentación?

Resuelta esta exploración, estos tres consejos le ayudarán a construir una introducción excelente.

    1. Determine el mejor enfoque para introducción de su tema. Con base en su experiencia, el Pastor Swindoll prefiere organizar su tema en forma secuencial: el título, la introducción, el cuerpo, las acciones a tomar y la conclusión. Sin embargo, otros comunicadores prefieren preparar la introducción hasta después de que han terminado de preparar el cuerpo, las acciones recomendadas y la conclusión. Al final, en función de con cual se siente más cómodo, cada comunicador decide seguir uno de estos dos caminos como su práctica habitual.
    2. Redacte la frase inicial de su presentación. Los primeros minutos o segundos son los más importantes de cualquier conversación, predicación bíblica o charla educativa. Es el período de tiempo en el que su audiencia decide si usted es lo bastante interesante como para seguirle prestando atención. Por lo tanto, no los malgaste improvisando. Úselos conectando a la audiencia de inmediato con la parte medular de su tema. Esta es la fórmula para conseguirlo: Capte la atención empezando con una frase de apertura que integre estos tres rasgos: Breve, impactante y memorable.
      Considere este par de ejemplos compartidos por el Pastor Swindoll. Su mensaje titulado La voluntad de Dios, a mi manera, lo abrió con la frase: Una de las grandes batallas que enfrenta el cristiano es hacer la voluntad de Dios, a la manera de Dios. En su mensaje Lecciones aprendidas del fracaso, él comenzó diciendo: Hay tres errores comunes que cometemos en nuestro peregrinaje de la tierra al cielo. Luego de una pausa, los mencionó: Adelantarnos antes de ser enviados, rendirnos después de haber fracasado y resistirnos cuando somos llamados.
    3. Escriba la transición al cuerpo de su tema. Habiendo usado el título y la introducción para provocar a la audiencia a pensar: ¿de qué trata esto?, quiero saber más; usted está listo para guiar a la audiencia al cuerpo de su clase, charla, discurso o mensaje bíblico. En suma, la introducción es una oportunidad para conectar a la audiencia con la solución que propone al problema central en su tema. Cuando haya involucrado a sus oyentes en el problema, avance a los puntos principales de su tema usando una frase que sirva de puente o transición.

El cuerpo de la comunicación impactante
Los puntos principales son como las losas de piedra de un sendero que conduce a sus oyentes desde su actitud actual hasta la acción que usted desea que tomen sobre el asunto que usted les está comunicando. La información que ofrecen tales puntos mayores debe apoyarse en datos verificables, el razonamiento sólido y toques de humor.

Además, deben brindar soluciones a preguntas difíciles y a problemas incómodos de tratar. El cuerpo de toda conversación, charla motivacional o mensaje bíblico que termina siendo impactante comienza con una buena investigación para encontrar respuesta a los problemas que se enfrentan en la vida diaria.

Cuando se trata específicamente de un mensaje bíblico, como lo explica el Pastor Swindoll al resumir su propia experiencia pastoral, todo se reduce a tres hechos.

  1.  La mayor parte de la preparación para la buena comunicación consiste en una observación precisa. ¿De qué? De la intención del autor original al escribir sobre el problema que intentó corregir para la audiencia original.
  2. La organización del cuerpo del mensaje debe reflejar lo más relevante de la observación realizada, mostrando cómo el problema que nos acosa actualmente también afectó a la audiencia original. La idea es que sus oyentes contemporáneos se identifiquen con la humanidad de los individuos históricos al ver que ellos experimentaron las mismas luchas. Es crucial establecer esta conexión.
  3. El propósito en el cuerpo del mensaje es enseñar la aplicación de las Escrituras a la vida. Todo lo que usted diga en esta parte de su charla o predicación debe servir al propósito de conectar las verdades y los principios bíblicos con la vida actual.

Las aplicaciones o acciones a tomar
Cuando la información medular ya ha sido presentada, usted está a un paso de concluir su discurso, charla o lección. Es el momento oportuno para convertir los hechos o verdades de su tema en acciones viables y concretas que cada persona en la audiencia puede tomar, ya sea para solucionar un problema personal o sumarse a otros a fin de mejorar una situación colectiva. Al desafiar a su audiencia, haga su mejor esfuerzo porque las aplicaciones o acciones a tomar sean fáciles de comprender y atractivas para emprender.

Considerando las circunstancias que sus oyentes estarán experimentando en el momento en el cual usted les hablará, es de gran ayuda definir las aplicaciones o acciones a tomar haciéndose tres preguntas esenciales: ¿cuál podría ser la necesidad prioritaria de su audiencia?, ¿qué desafíos está ya enfrentado o enfrentará pronto su audiencia?, ¿cual advertencia puede ser la más apropiada en este momento para su audiencia? Al pensar en las necesidades, los desafíos y las advertencias de su audiencia, como comunicador usted verá con mayor facilidad cómo su propuesta de solución les hace frente. Y su audiencia también tendrá igual claridad.

La conclusión: de las palabras a la acción
En el mejor escenario, cuando finalice su presentación, los oyentes estarán listos para unirse a lo que usted propone: ver el problema y la solución desde la misma perspectiva. Entonces, motive a la audiencia con una conclusión fuerte. Inste a cada individuo a tomar una decisión para que las soluciones que ha propuesto en su clase, charla, entrevista, discurso o sermón bíblico puedan volverse una realidad. Recuerde la frase del Pastor Swindoll: lo que queremos es que las palabras se transformen en acción.

Esto significa decirlo bien
Concluyendo, sea que enseñemos una clase bíblica, vendamos un producto, propongamos una nueva tecnología o introduzcamos una práctica innovadora, el objetivo final de la comunicación objetiva es que las palabras se transformen en acción. Dicho de otro modo, comunicamos para generar cambios en quienes nos escuchan o en los ámbitos de los que ellos forman parte. ¿Qué hace que una comunicación sea exitosa? Que además de señalar una necesidad o un problema, los oyentes tomen acción para resolverlo y progresar. Esto hace que una clase, charla, entrevista, discurso o sermón bíblico sea memorable. En verdad, esto es lo que significa decirlo bien.

[1]Charles R. Swindoll, Decirlo Bien: Cómo conmover a otros con sus palabras (Miami, FL: Edit Patmos, 2016), 141-166