Servir el Banquete, Parte III

EXPOSICIÓN: Brinde aplicaciones útiles en la realidad contemporánea

La diferencia entre una cena formal y una casual tiene que ver con su ambiente y precio. Los restaurantes de alta cocina ofrecen un entorno y un servicio de primer nivel; al mismo tiempo que ofrecen opciones de menú únicas y más costosas. Por otro lado, un restaurante casual ofrece un ambiente más relajado con opciones de comidas a precios más moderados.

Al predicar un mensaje o enseñar una clase, es importante tener en cuenta que la audiencia de hoy generalmente prefiere un enfoque más informal de la predicación. Algo más parecido a una conversación casual sobre la verdad de Dios. Calvin Miller, el gran Pastor y narrador cristiano, dice que este enfoque conversacional es como decirle a la audiencia: «Acomódese y tengamos una comunicación con café y pan dulce». Bryan Chapell, otro experto en la comunicación cristiana, la llama una «conversación intensificadora». Sugiriendo que el comunicador del mensaje bíblico intensifique sus expresiones faciales y lenguaje corporal para que la conversación se vuelva más animada sin perder el tono conversacional.

La gente tiende a aburrirse fácilmente. Debemos asegurarnos de que nuestro sermón o charla no los ayude con esa tendencia. La variedad puede ayudarnos aquí. Las charlas más cortas son probablemente más difíciles de elaborar que las más largas, pero también son más efectivas. Al evitar sermones largos, su audiencia estará más inclinada a escucharlo mientras habla. Déjelos con ganas de escuchar más en lugar de desear haber escuchado menos. Si usted prepara sermones bíblicamente sólidos, con ilustraciones interesantes, una aplicación desafiante, y se pueden predicar en menos de veinticinco minutos, captará la atención de su audiencia de principio a fin.

En el artículo anterior comentamos sobre los cinco componentes fundamentales de un sermón claro y profundo: el título, la introducción, el cuerpo, las aplicaciones y la conclusión. Lo hicimos siguiendo los consejos del Pastor Charles R. Swindoll, en su libro Decirlo Bien: Cómo conmover a otros con sus palabras. En esta ocasión, profundizaremos en la aplicación. Esta consiste en brindar instrucciones específicas a la audiencia actual sobre cómo aplicar a su realidad las verdades y principios eternos enseñados en la Biblia. Los consejos a continuación le guiarán a compartir adecuadamente el fruto del estudio personal de las Escrituras con los demás. En otras palabras, a servir un banquete espiritual delicioso y al mismo tiempo muy nutritivo.

El punto de partida: enunciar verdades o principios eternos

Cuando analizamos una porción de las Escrituras para descubrir su significado, contrario a lo que enseñan algunos, solo puede haber una interpretación. Un texto bíblico no significa cosas diferentes para diferentes personas. La disciplina de la interpretación no es subjetiva. Si usted no extrae el significado que originalmente comprendió la audiencia original, usted simplemente está equivocado. Ha malinterpretado el pasaje bíblico.

Cuando decimos cada vez que leo este texto obtengo algo nuevo, no estamos describiendo la interpretación;  nos referimos a la aplicación. Hemos descubierto una nueva comprensión de un salmo, una historia de los Evangelios o un concepto en las cartas del apóstol Pedro; y comenzamos a ver nuevas formas de aplicarlos. Eso es así porque una verdad de las Escrituras puede originar varios principios eternos que conducen a muchas aplicaciones prácticas a lo largo de la vida.

La fase de interpretación en el estudio bíblico debe responder a la pregunta: ¿Qué significó el texto para la audiencia original? Un par de oraciones son suficientes para formular la respuesta correcta. Moisés, David, Lucas, Santiago, Juan y todo otro autor bíblico escribieron orientaciones a su audiencia original esperando que las aplicaran a sus circunstancias. Tales instrucciones contienen verdades o principios eternos, aplicables a todas las personas a lo largo de todos los tiempos, independientemente de su cultura.

Consideremos este ejemplo. Moisés escribió a los hebreos que entraban en la tierra de Canaán: «No le pongas bozal al buey para impedirle que coma mientras trilla el grano» (Deuteronomio 25:4, NTV). Esta instrucción fue fácil de comprender para ellos: «Mientras usas un buey para impulsar su operación de trilla de granos, deje el hocico fuera de su tapabocas para que pueda comer mientras está trabajando».

Sin embargo, detrás de ella, se encuentra una verdad eterna: «No niegues a alguien el sustento necesario mientras te ayuda a lograr tus objetivos». Esa es una regla de conducta que cualquiera puede aplicar, tenga o no un buey. El apóstol Pablo tomó esta verdad de Deuteronomio 25:4 y la aplicó de esta manera: «El obrero es digno de su salario». En otras palabras, hablando a su propia generación instruyó a las iglesias a compensar a sus pastores, ancianos y maestros que las pastoreaban diligentemente (1 Corintios 9:9; 1 Timoteo 5:18).

Concluyamos la recapitulación de los artículos previos. La interpretación responde a la pregunta: ¿Qué significó el texto para la audiencia original? La respuesta esencial debe expresarse en una oración o dos. Tal respuesta consiste en las verdades o principios eternos contenidos en ese texto bíblico. Sin embargo, el estudio bíblico no culmina aquí. Hemos establecido que este es solo el punto de partida. Es necesario avanzar hacia la meta.

El destino: obedecer la verdad de Dios practicándola

El punto de llegada o destino del estudio bíblico personal es la aplicación. Esta responde a la pregunta: ¿Cómo practicamos hoy la verdad del texto? Su respuesta consiste en ofrecer instrucciones específicas para las circunstancias que rodean a la audiencia actual: sus necesidades, sus desafíos y sus dilemas morales.

En suma, la aplicación consiste en moldear la cultura contemporánea con la sabiduría que Dios comunica en las verdades o principios eternos de las Escrituras. Precisamente, este es el sentido de las palabras de Pablo cuando abre la conclusión de su carta a los romanos con esta exhortación: No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2, NTV).

Usted entenderá las verdades o principios eternos al finalizar el proceso de considerar el idioma original, la historia, la cultura de la audiencia y todo lo que rodea el texto bíblico en estudio. Luego, estará listo para ofrecer a su audiencia aplicaciones específicas y útiles en su realidad contemporánea. Tales aplicaciones, entonces, deben ser nuestro objetivo en mente al construir el mensaje o la enseñanza que vamos a comunicar.

Comenzar con el fin en mente puede ayudarle a mantener el mensaje enfocado y bien organizado: un título atractivo, una introducción memorable y un cuerpo impactante. Pero ahora, volvamos al punto de llegada o destino en un sermón o estudio bíblico: la aplicación. Deje por un momento todo el resultado de su estudio bíblico a un lado y use su imaginación para ponerse en el lugar de las personas que estarán escuchándole. Digámoslo de este modo, póngase en sus zapatos y sienta la vida real como ellos la experimentan. Haga este ejercicio, haciéndose estas tres preguntas claves acerca de su audiencia.

  1. ¿Qué puede necesitar mi audiencia más que nada?

En este sentido, el Pastor Swindoll relata en Decirlo Bien una experiencia personal muy interesante. Cuando le invitaron a ministrar a un grupo de misioneros que estaban en su año de descanso, él le preguntó a un amigo qué tema le aconsejaba debía abordar, y la respuesta que recibió en una palabra fue: ánimo. Así que, él se tomó un tiempo para pensar en lo que el mismo había experimentado años atrás mientras vivía en un país extranjero; lejos de todo lo familiar y significativo para él. Recordó su propio desánimo y lo difícil que fue sentirse sin apoyo. Se puso en los zapatos de su audiencia y se preguntó qué podría animarle si estuviera en la situación de ellos. Esto lo llevó a proponer en sus mensajes aplicaciones con las que los misioneros conectaron al instante. Fueron tan efectivas y pertinentes que el Pastor Swindoll las describe. . . como salpicadas de agua fría sobre almas secas y lenguas sedientas.

  1. ¿Cuáles son los mayores retos que enfrenta mi audiencia?

Su intención como comunicador, consejero o maestro de las verdades bíblicas es enfocarse en cómo puede motivar y preparar a las personas en su audiencia para salir victoriosas. El Pastor Swindoll nos enriquece con otro incidente personal en Decirlo Bien. En una ocasión le invitaron a hablar en una conferencia nacional a líderes ejecutivos de un negocio de transportes. Se puso en los zapatos de ellos y recordó ocasiones estando fuera de su casa por responsabilidades como orador, a solas en un hotel, cansado y lejos de a quien rendirle cuentas… la configuración perfecta para una caída moral. Recordó cómo cuidó su pureza e integridad mediante medidas prácticas. Entonces, fue muy claro, relata el Pastor Swindoll, que él tenía que enseñarles acerca de la integridad. Las aplicaciones en su mensaje abordaron áreas muy sensibles, pero debido a que les habló como un compañero de lucha comprensivo, ellos recibieron sus consejos prácticos sin ponerse a la defensiva.

  1. ¿Qué reprensión podría ser la más apropiada para mi audiencia?

El sentido de reprender en la comunicación efectiva es más que simplemente regañar. De hecho, cualquier audiencia asume el modo defensivo frente al regaño. Estamos hablando más bien de amonestar. El consejo del Pastor Swindoll es reformular las reprensiones como advertencias. En otras palabras, al organizar las aplicaciones que usted desea proponer, pregúntese cuál es la forma efectiva de frasear una reprensión de modo que sea percibida como un consejo honesto y amigable. Es decir, usted también hace suyo tal consejo, amonestación o reprensión. Nos confiesa el Pastor Swindoll que, al hablar en público desde esta perspectiva, él evita. . . hablar con menosprecio a la audiencia como si yo fuera un San Francisco de Asís. ¡Admirable! Concluyendo, comunique y enseñe sin asumir que todos en la audiencia son culpables, pero aquellos que si lo son entiendan claramente el punto.

Comunique las aplicaciones rápida y brevemente

Mientras piensa en las necesidades, retos y reprensiones apropiados para su audiencia, imagine cómo las verdades o principios eternos derivados del texto bíblico podrían abordarlos. Luego, formule sus aplicaciones lo más específicas posible. El Pastor Swindoll recomienda enumerar las aplicaciones como si se tratara de una lista de cosas por hacer y enumerarlas en una sucesión rápida y breve. Cuide que las ilustraciones al concluir no distraigan a la audiencia de la invitación a implementar las instrucciones del Señor. Despliegue su mensaje o enseñanza con este enfoque: capture la atención de su audiencia y luego guíela al destino de decirlo bien: un sí personal entusiasta y dispuesto a obedecer a la verdad de Dios practicándola.

«Un buen sermón es una operación de ingeniería en el que se tiende un puente sobre un abismo para que los bienes espirituales de un lado, las “inescrutables riquezas de Cristo”, sean transportados hasta las vidas personales en el otro lado». –Harry Emerson Fosdick[1]

[1]Charles R. Swindoll, Decirlo Bien: Cómo conmover a otros con sus palabras (Miami, FL: Edit Patmos, 2016), 141-166