El escudo y el campo de batalla

Daniel no fue protegido del foso; fue protegido en el foso. La diferencia es teológicamente enorme. Si Dios solo nos protegiera de las pruebas, nunca creceríamos en fe, nunca testificaríamos, nunca conoceríamos Su poder en lo profundo. Pero al protegernos en las pruebas, manifiesta Su gloria de maneras que la simple comodidad nunca permitiría.

Él libera, rescata y hace señales

¿Cómo describirías a Dios por Sus acciones en tu vida? Si tuvieras que escribir tu propio decreto a partir de tu experiencia, ¿qué diría? «El Dios que me sacó de la depresión cuando nadie podía», «El Dios que provee cuando las cuentas no cuadran», «El Dios que me sostuvo cuando el diagnóstico llegó». Tu testimonio es tu propio decreto de Darío.

La pregunta que solo Dios responde

Quizá tú también estás esta mañana ante un foso, gritando con voz angustiada: «¿puede Dios?». ¿Puede Él restaurar este matrimonio? ¿Puede Él sanar este cuerpo? ¿Puede Él reconciliar esta familia? ¿Puede Él hacer algo con este desastre que yo mismo he causado? La respuesta de la Escritura es siempre la misma: «Para Dios todo es posible» (Mateo 19:26, NBLA). No siempre Él hace lo que esperamos como esperamos. Pero siempre puede. Y siempre actúa, en Su tiempo y de Su manera, a favor de los suyos.

El amanecer de la angustia

Si estás en una de esas noches espirituales, donde la incertidumbre te tortura y la respuesta de Dios parece tardar, recuerda que el amanecer siempre llega. Las noches duran una noche. Y aunque la respuesta del amanecer no siempre es la que esperabas, siempre es mejor que el silencio de la noche. Como dijo el salmista: «Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5, NBLA). Espera. Espera. La luz viene.

El foso de los leones

El salmista escribió: «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento» (Salmo 23:4, NBLA). El valle del salmista y el foso de Daniel son la misma realidad espiritual: lugares donde la muerte parece cierta, pero donde Dios no abandona. La presencia de Dios no te exime del foso; pero te acompaña en él.

Cuando los amigos del enemigo se alegran

Hay personas en este mundo que se gozan en la caída de los justos. No te sorprendas. Cristo lo advirtió: «Si el mundo los odia, sepan que Me ha odiado a Mí antes que a ustedes» (Juan 15:18, NBLA). Cuando vives con integridad, tu mera existencia es una crítica silenciosa a quienes no la viven. Y eso despierta hostilidad.

Tres veces al día

Vivimos en una cultura que despreciaría los ritmos. Nos venden la espontaneidad como autenticidad y los hábitos como rutina muerta. Pero el cristiano sabio entiende que los hábitos espirituales no matan la espiritualidad; la sostienen. La oración del momento de crisis solo es posible cuando la oración diaria ya está formada en el alma.

Las leyes que no se pueden revocar

Es una imagen aterradora de cómo funciona el pecado. Cada decisión que tomamos firma un decreto. Algunos decretos son fáciles de revertir; otros, no. Hay palabras dichas que, una vez pronunciadas, no se pueden retirar. Hay decisiones tomadas que, una vez ejecutadas, marcan para siempre. Hay caminos elegidos que, una vez emprendidos, cambian el destino.

La pureza no necesita escondites

Hay una diferencia abismal entre la moralidad por miedo y la pureza por amor. La moralidad por miedo dice: «no hago esto porque me podrían descubrir». La pureza por amor dice: «no hago esto porque amo a Aquel que me ama». La primera vive con tensión constante; la segunda vive con paz profunda.

La actitud que abre puertas

Cuando estás seguro en Dios, puedes ser cooperador sin ser servil. Puedes ser confiado sin ser arrogante. Puedes celebrar el éxito de otros sin sentirte amenazado. Esa seguridad interior es lo que produce el espíritu extraordinario que la gente nota. Y ese espíritu, más que cualquier credencial, es lo que abre puertas que ningún ser humano puede cerrar.