Nuestro guía señaló un área rocosa en una colina distante.

«Esta caminata definitivamente es opcional», nos previno, «pero vale la pena».

Algunos de nosotros, sintiéndonos valientes, le seguimos pero debo admitir que por primera vez en mi vida, deseé haber tenido cuatro piernas. Ese medio kilómetro entre el autobús y las colinas se convirtió en una de las caminatas más difíciles que he realizado en Israel. El camino estaba lleno de piedras sueltas, grandes, calientes y puntiagudas. Cada paso lo daba con mucho cuidado y eso no me permitía disfrutar el paisaje. Nuestro guía caminaba sin ningún problema y se detuvo a la mitad de la colina, cerca de una grieta en las rocas que había señalado antes. Volteó su vista hacia nosotros, cruzó sus brazos y nos esperó. Pasaron varios minutos antes que llegara donde él estaba pero finalmente lo hice.

«Aquí está», nos dijo radiante.

Yo, que todavía seguía jadeando, entré a una cueva que no era más grande que un cuarto de huéspedes pero con un gran significado. El contraste entre la crudeza de la cueva y su profundidad en la historia sigue impresionándome hasta la fecha.

En 1947, el mismo año cuando las Naciones Unidas votaron para establecer un estado judío en Palestina, un pastor beduino lanzó una piedra a esta cueva, supuestamente buscando una oveja perdida. Cómo o por qué una oveja vagaría por aquí no tiene sentido. Nuestro guía nos dijo que era más probable que el chico beduino era un ladrón que fabricó toda la historia para legitimar su descubrimiento. Sin embargo, lo que encontró en esa cueva se convirtió en un factor importante de la historia bíblica . . . o más bien dicho la confirmó.

Me di vuelta y miré fuera de la cueva al Mar Muerto. Esta área llamada Qumran, al sur de donde Jesús fue bautizado era el lugar donde una pequeña comunidad hacía copias de las escrituras y otros textos en el primer siglo. Ellos sellaron esos rollos en vasijas de barro y los escondieron en unas cuevas, cerca de las orillas del Mar Muerto. Por esa razón esos rollos tan famosos reciben este nombre.

Yo me encontraba en la «Cueva 1», la cual se le llama así porque fue la primera que encontraron.

El significado de los rollos

Antes del descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, las copias más antiguas de la Biblia eran del siglo 10 d.C. Hasta ese momento,  los eruditos no tenían manuscritos hebreos anteriores a ese siglo. Sin embargo, los manuscritos encontrados en Qumran fueron escritos entre el siglo 3 a.C. y el año 70 d.C. En esos rollos se incluían copias de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Ester. En otras palabras, este descubrimiento retrocedió nuestra comprensión del texto de la Biblia hebrea ¡como por unos mil años! Al compararse los rollos bíblicos con el texto masorético hebreo, se ha podido demostrar la precisión tan notable en la reproducción de las Escrituras. En otras palabras, el Antiguo Testamento hebreo que leemos en la actualidad es el mismo que Jesús leyó.

Once cuevas en Qumran han producido literalmente miles de fragmentos y cientos de rollos de varias obras literarias. Gracias a esos escritos extrabíblicos podemos comprender mejor la cultura en la cual Jesús vivía, incluyendo sus costumbres, tradiciones, teología y conceptos del Mesías. Ambos, los  escritos bíblicos y extrabíblicos encontrados en las cuevas de Qumran desde 1947, continúan proveyéndoles a los historiadores aspectos coloridos de lo que antes era una escena gris en la vida religiosa del siglo primero.

A la luz de la Palabra de Dios

En Jerusalén actualmente se encuentra el Mausoleo del Libro, un museo donde podemos hallar muchos de los rollos del Mar Muerto. El gran techo blanco del mausoleo tiene la misma forma que la tapa de una de las vasijas de barro en la cual se encontraban los rollos. A un lado también se encuentra un muro negro de granito. Esos colores representan los «hijos de la luz» y “los hijos de las tinieblas» para simbolizar un principio: la Palabra de Dios representa la diferencia entre la luz y las tinieblas (ver Salmos 119:105; 2 Pedro 1:19).

Jesús dijo que se necesita más que tener la Palabra de Dios para caminar en la luz. Se necesita creer y obedecer Su Palabra aun cuando en los momentos más oscuros sintamos la tentación de dudar. Y esos momentos vendrán.

En un libro publicado antes de ese descubrimiento, Frederic G Kenyon desesperadamente escribió:

“Ciertamente no hay probabilidad de alguna vez encontrar manuscritos del texto hebreo que sean de un periodo anterior a la formación del texto que conocemos como el texto masorético. Sólo podemos obtener una idea de ello estudiando las traducciones más antiguas que tenemos”.

Solo ocho años después, sin embargo, se descubrieron los rollos del Mar Muerto.

¿No es así como también nosotros vemos la vida muchas veces? Todo parece sin esperanza, y súbitamente Dios aparece. Cualquiera de nosotros pudo haber escrito algo similar a las palabras de Kenyon en lo que respecta a cualquier situación. Las condiciones con frecuencia parecerán desesperantes. Cuando los resultados y las actitudes no parecen cambiar, la exigencia parece hacer dudar de la Palabra de Dios.

Dios puede verificar la confiabilidad de la Escritura y ofrecer esperanza utilizando diversos medios, ya sea resucitando manuscritos antiguos de las cuevas de Qumran . . . o resucitando a Su Hijo de aquella cueva que fue Su tumba.

Sin embargo, la tarea de creer y vivir Su Palabra se nos da como una responsabilidad . . . y un privilegio.